Abstracción

Las luces del otoño guardan alguna semejanza con las de primavera en relación con las emociones que ambas provocan y las energías que enanan de ellas desde que la tierra comenzó a girar. Así, bajo los pies de Orion y Acuario, de la Luna y Júpiter, nace la belleza, la fuerza más extraordinaria que posee la Naturaleza, nos rodean otras muchas, pero su especial composición es fuente generadora capaz de engendrar e impregnar nuestros sentidos con su sabiduría, un cofre donde, a la vez, se guardan nuestras abstracciones, las que nos diferencian de nosotros mismos y del resto de seres. Son rincones de ese otro cosmos ocupados por esas representaciones que, desde su profunda existencia, sugieren mundos paralelamente verídicos, escondidos tras la forma de telón bordado con los impresionantes brillos procedentes de las mediocridades difundidas por las redes y las cadenas. No están sujetas, las abstracciones, a alguna técnica que contenga norma o precepto alguno, tan sólo obedecen a un impulso, a un acto opuesto a la razón común y perteneciente, por lo tanto, a nuestras pulsiones ante la belleza sobretodo, excluyendo de esto al resto por innecesarias para esa búsqueda de lo atractivo. La creación sin límite es poseedora de esa virtud, encriptada en la actividad cerebral que, a partir de ella, transforma en diferentes lenguajes lo que nos acontece, unos más comprensivos que otros. Hay lenguajes que sólo hablan de lo que realmente aparece ante nuestra mirada y lenguajes que hablan de lo oculto a ella, de aquello que no se ve pero se siente, hablan del habitáculo donde vive lo abstracto que da significado a los mensajes que las formas, por si mismas, transmiten y que son imperceptibles para una mayoría abstraida. Hay formas desapercibidas y formas sugerentes, sujetas ambas, a la percepción individual. Si nuestros sentidos están atrofiados por todo aquello que impide la capacidad de abstraccion, siempre veremos una única realidad, pasarán inadvertidos los vestigios que alumbran la ciencia y padeceremos una cuarta sequía.

Hay seres que manifiestan las abstracciones de diferentes formas, representandolas tal y como aprendimos desde que comenzamos a utilizar la inteligencia, quizás ello fue el germen de una cualidad sinestesica engendrado por aquellas luces que alumbraban las frías mañanas de otoños y primaveras lejanas, sin filtros impuestos por impostores que aducen poseer una razón sobrenatural y que ocupan los tronos que ellos mismos erigieron sobre los demás. Hay quienes poseen una naturaleza que abarca gran parte de las abstracciones posibles y la necesidad de expresarlas de alguna manera, con generosidad y sinceridad o, con fines puramente beneficiosos económicamente que, más tarde, son traducidos a un lenguaje con el que fabricar maliciosos propósitos y ganancias que sólo desembocan en la pérdida de toda su idiosincrasia.

[ Osiris – Pt. 1 – Klaus Schulce https://youtu.be/E5dpZ_z1uQg ]

El representar de alguna forma una abstraccion, es dejar constancia de un pensamiento, la forma de transcribir la estela que éste ha dejado a su paso y, finalmente, el significado de aquél que su flujo a marcado tras su observación y su comprensión. No pertenece a las lenguas vernáculas, si no, a la esencia de cada ser, a una virtud innata y, también, al desafío de la ciencia que escudriña en las entrañas de la gente para poder manipular y vender sus sueños. Se trata también de una expresión de libertad inesperada como un remanso ante las turbulencias que la asedian. En los sueños la libertad y la abstraccion son un único ente, el éter de la consciencia que al amanecer se disuelve y toma forma de monstruo que intenta devorar una realidad placentera envuelto en el silencio y la música que son sus eternos aliados. Desgajar una cosa de otra es el ciclópeo trabajo de la mente que busca lo auténtico de la existencia y, plasmarlo, el fruto, el encuentro de lo oculto, de lo que siempre existió y que pertenece a la luz que viaja a lomos del tiempo desde que la nada lo originó. El tiempo nunca se abstrae, marca el ritmo y el espacio donde poder abstraerse de él y extraer su contenido guardado desde el confín de los tiempos para adornar la belleza. Nunca supimos que ahí estaba hasta que despertamos del profundo letargo que nos inyectaron como antídoto a las pasiones más terrenales, para que abandonásemos la tierra y ocupar los territorios que dijeron ser fértiles y luego resultaron baldíos.

[ Free System Projeķt – Altared States – Richard W. https://youtu.be/4lQC_LEYZ6Y ]

Ya casi no quedan los apriscos de siempre en los que las turbulencias de la última hora de la tarde se apresuraban a resguardarse ante la cercanía de la noche,  la hora de separar en el rebaño las cabras de la ovejas y dejarlas oliendo los rincones de su redil, mientras ellas rumian sus pensamientos,  las abstracciones que quedaron la noche anterior entre los escondrijos de las ascuas, vuelven, donde los satélites aún giran esperando entrar en la órbita semejante a la que gravitan nuestras dudas y, poco a poco, imágenes ininteligibles van sucediéndose una tras otra aferradas a todo lo posible, sin dejar lugar a lo imposible que en esa realidad no existe. Ni el tiempo siquiera lo hay en ese instante, en él se reproducen los actos ancestrales que las vicisitudes de la sociedad moderna ha escondido vilmente, y así, en el sigilo de esa noche, bajo la quietud de las hojas del bosque, llega el acto más antiguo; echar las briznas de madera al fuego y contemplar las constelaciones que emanan de la tierra subir a encontrase con las que guian los rebaños hacia la fertilidad del mundo, hacia la sabiduría de la mente abstraida y abstracta, la que contiene la erudición, el conocimiento, la sabiduria, la ciencia y la creencia en uno mismo, todo ello, es la libertad.

[ Late Night Tales: Jon Hopkins
https://youtube.com/playlist?list=PLtXgoib6N-yKyDLTfPTMRG3_Y4gAhRyvJ ]

La abstracción no solamente es eso, su significado, si no, también el hecho de que una forma desde su interior adopte la de otra distinta, son las entrañas invisibles de lo que sucede a nuestro alrededor expuestas a la luz, al color, al verbo y su música, a las palabras oceánicas. Aquello que acontece en cada realidad que contiene lo indescifrable, encierra en su interior el germen abstracto donde, lo absoluto, espera ser desgajado de aquél origen y formar parte de otro pensamiento heterogéneo, desconocido para los que manipulan la verdad. Se trata de una  necesidad vital atrapada bajo los escombros que va dejando la civilización sobre ello, sin pensar en otra posible existencia distinta a la que marcó una ciega humanidad deslumbrada por los acordes que retumban incansablemente en las salas de espera, en los comercios, en los aeropuertos, en los taxis, en las aceras, en las perfumerías de la calle de al lado, en la tienda de ropa, a la hora en que comienzan a descansar los motores de los repartidores de comida, sin otro atributo más que lo distinga de la perfección que contiene lo creado por la tierra para sanar.

[ NEXUS – BLUE BLISS https://youtu.be/8uRMbexFZeM ]

El sonido de los pasos sobre la hierba, sobre los guijarros del camino, sobre el barro, sobre la nieve, sobre la tierra, es la abstracción que desprenden las magnitudes que dan forma a las cumbres, a los bosques que las rodean, a los valles que llevan su música y la esparcen sobre el eco que, después, siempre resonará en la memoria, en ese lugar donde lo vivido antes, se presenta hoy como algo nuevo y que pertenece al mundo de lo subjetivo que surge espontáneamente o, quizás, proviene del «Anima mundi», que erala expresión de los filósofos griegos para referirse a la mente del mundo, el centro de toda la naturaleza desde donde parte cualquier acto ya pertenezca a lo consciente o a lo inconsciente, sin similitudes conocidas que hagan dudar de su pureza y de su existencia. De ahí, cuando nace el viento, bate las ramas y aflora una olorosa arritmia caligráfica que escribe en el aire versos abstraidos del mundo, vuela sobre palabras tan antiguas que nadie conoce ya, ahí, bajan las nubes hasta hacerse con la tierra y convertirse en espesa niebla, en manantial fecundo que embriaga las cortezas y las rocas de los valles con el alimento que dió origen a lo conocido y que hace brotar las abstracciones más antiguas que quedaron prisioneras en las cavernas de la sin razón. En la noche, en el primer sueño, las palabras eran entonces certeras, sinuosamente fueron desvaneciendose hasta mezclarse con otra abstracción tan incomprensible que quedó agazapada en el olvido, sujeta a lo inalcanzable y pendiente de los hilos tejidos en el universo, oscilando entre órbitas onduladas semejantes a las que discurren entre la realidad y la fantasía, impregnadas del vaivén que contiene la duda, el creer o no de la existencia de otra realidad también subjetiva.

[ Solar Fields – Animals -SysLocal- https://youtu.be/ruPsMkQvOK8 ]

Y así, el territorio donde navega la abstracción, no es solamente la parte de la condición humana que se desarrolla en las artes, si no, también la que reside en la energía subyacente que la impulsa y que contiene lo incognoscible de donde parte toda la cosmogonía que relata el origen de los orígenes desde las primeras leyendas que aún no se conocen, abriéndose camino en los rincones más recónditos y puros de la mente donde la abstracción se constituye como un símbolo más de naturaleza que vuela en alas del tiempo en busca de astros desconocidos donde desplegar la sabiduría de la que jamás nadie supo de su existencia. En ese delirio nuestras facultades son apresadas y moldeadas al antojo de la servidumbre que gobierna nuestros actos y oculta la abstracción como si de un tesoro maldito se tratase.

[ Horizon in a bottle – Ramón Sánchez – https://youtu.be/BT2xOmWJEL8 ]

Entonces, mejor dejar de sucumbir en los estercoleros del mundo y adentrarnos en la fortuna de la existencia que no necesita nada de lo superfluo, entendido esto como aquello que limita la libertad por ser necesario, teniendo en cuenta que, en muchas ocasiones en el mundo «civilizado», lo necesario se hace asimismo y se enraiza como otra realidad en la que la abstracción es una disfunción por encontrarse manipulada y fuera de su propia naturaleza. Volviendo a aquella fortuna, en el camino hacia ella, mientras el mundo gira abstraido de él mismo, se reconstruyen historias pasadas sólo observando la luz de la última hora de la tarde, al ocaso, cuando los horizontes se difuminan entre la bruma, mirando fijamente al astro reinante mientras su energía se introduce y recorre lentamente todos los rincones del cuerpo, fijándose en el iris el último suave rosáceo o anaranjado del día, mientras, Orión, a las espaldas, va lentamente marcando el camino hacia el Este donde mañana quedarán iluminadas las cortezas de los árboles, donde aún no ha llegado lo que, hasta hace poco era considerado la insospechada estupidez humana que ahora es totalmente latente, y no sólo eso, si no, también la arrogancia y los delirios abstractos de poseer lo que nunca tuvo dueño, los disparatados sueños nacidos en la terraza de un café adornados con los olores cercanos de frituras hechas con prisas para los extranjeros recién llegados. Pero allí, lejos, sólo se bate el color con el olor en su propia abstracción en la que encontrarse con nuestras semejanzas, donde vive lo ciclicamente eterno, con el agua que discurre en torrentes que guardan en su interior, en los reflejos de sus bravías aguas, la analogía del cosmos con nuestras células afectas al espíritu y, a pesar de todo, dejamos que el capitalismo, convertido ya en milenario, al que sólo le interesa rodearse de seres ejemplares sometidos a sus intereses, siga construyendo obstentosas pirámides sobre los escombros que va dejando a su paso. Así nuestras prerrogativas discurren sobre el lecho que sostiene a las sociedades en las que el espíritu ha sido suplantado por todo aquello que amenaza nuestra naturaleza más pura convirtiéndola en mercancía, sin olores, sin tardes púrpuras y, todo bajo la luz de Orión, que allá, colgado sigue en el firmamento de la fecha que Artemisa le asestó.

[ Foo Fighters – I Am A River https://youtu.be/9cqHAgnub_M ]

Desde entonces abstracto es nuestro pensamiento y nuestros actos también, nos convertimos en marginados y, por ende, nómadas en tierras áridas que buscan la fertilidad e inventan la belleza desde cánones imaginarios superpuestos unos sobre otros como un recortable de papel que, como una anestesia, se adentra en la piel al mismo tiempo que vamos, uno a uno, recortando con las tijeras los filos marcados de sus siluetas, siguiendo ese hilo impreso que sinuosamente da forma construimos una vida sólo para unos cuantos mientras la nuestra sigue el curso marcado por otro destino enmarcado por la caverna de Platón. Y entonces, enajenados, lanzamos al viento los Mantras que nacen desde nuestras abstracciones conteniendo en ellos los deseos que aquellos mismos marcaron como deseables. Pero antes de ello, antes de convertirnos en eternos embaucados, antes de que Hiparco de Nicea dibujase el mundo y dejase de mirar las estrellas, ya nos sobrecogia el firmamento, sus destellos incomprensibles con sus astros orbitando pendientes de un hilo invisible y, bajo él, en ningún momento, tuvimos la idea de que lo artificial sería un signo más de nuestra existencia ni que rondaría en nuestras abstracciones futuras. Pocas realidades se interponían entonces sobre las más imprescindibles que poseen en su seno los sentidos más cercanos al espíritu humano; la compasión, el espíritu de supervivencia, la orientación, la verdad y la libertad, la obviedad, la razón más terrenal, y ahora, atrapados en la inconsciencia que se genera al no ejercitar un pensamiento crítico, lo que al mismo tiempo, provoca la incapacidad de ver otra realidad distinta y, por consiguiente, la huida de todo aquello que nos es inherente hacia lo que oculta, de forma subliminal, la esclavitud que se forja ante lo que nos rodea imprescindible sin serlo, como una forma más de dominación y que, ante la carencia de todo lo irreemplazable, desemboca en exclusión social y de cualquier abstracción posible,  trascendemos entonces, de la condición humana, lo que supone no ver un mundo diferente y pensar que lo incomprensible es lo comprensible y, en ese círculo, abstraerse de la verdadera verdad que encierra la vida y la muerte. Extinguida ya ésta, sin que quede ni un ápice de ella, sin que, ni siquiera la transmisión oral y aún menos, la virtual y digital, hagan eco de ello, construimos otra realidad diferente.

[ Leonard Cohen – Hallelujah – https://youtu.be/YrLk4vdY28Q ]

Las realidades exentas del espíritu que nos empuja a tener los pies en la tierra vienen acompañadas de un aislamiento devastador y mermada capacidad de abstracción ante lo sublime que caracteriza la condición humana. La abstracción es una forma más de pensamiento y, si en el único lugar que conocemos en el universo con vida, lo mantenemos ocupado, distraido de lo esencial, de aquello que nada aporta, de lo superfluo que genera la civilización, entramos en la órbita del factum que ejerce el poder. Siempre lo hemos sabido, pero, nunca lo utilizamos a nuestro favor. Seguramente porque nuestros males se encuentran en otra dimension, en una distinta escala de valores en la que la abstracción ya no juega ningún papel. Existen otros mundos, claro, pero éste nuestro, de momento, sigue abocado a los impulsos eléctricos que disparan los Led y lo Neones, a la publicidad engañosamente perversa, al rodar de las maletas por las céntricas calles en busca de los disparatados reclamos, al sólo intercambio de placeres subjetivos y de funciones orgánicas sin que quepa en ello el discernimiento que rompa la homogeneidad con la que el sistema trata y marca nuestras vidas. Existe un intercambio entre los estímulos que nos producen los elementos que componen las magnitudes que nos rodean y nuestra capacidad para entenderlas y transformarlas, en ese tránsito nace la abstracción, un único ser que convive con el pensamiento de cada uno de nosotros, acompañado de la capacidad de observar que adquirimos desde que somos, pero la observación a la que prestamos atención en nuestras sociedades es a todo aquello que aparece en un primer plano, ya sea tangible o no, servido como un acto de encubierta amable caridad creado para nuestros sentidos con el que perpetúa la existencia de las sociedades contemporáneas en las que el poder lo ejercen las oligarquías en nombre y con consentimiento de los pueblos, la cultura, al parecer, en un alarde de estrategia social, en manos de guías turísticos y la gastronomía local a merced de multinacionales que maquillan sus contenidos con trampantojos traídos desde cualquier parte del mundo para los miles de aburridos del mundo que pasean a la búsqueda de algo palpable que les satisfaga.

[ The Structure of Emotions – Lab’s Cloud https://youtu.be/v1ZS12fdD98 ]

En definitiva, todo ello no es más que un modo de desviar la moral o la ética hacia otro orden distinto en el que tales adjetivos adquieren un divergente sentido, basado en normas lejanas a su verdadero significado que diferentemente impone el capitalismo corporativo dueño del mundo, al que sólo le interesa las realidades coincidentes con sus intereses y convertir a todos los seres en minerales que lo alimente. No conocen la lluvia ni el frío porque siempre se guarecen de ello, ni siquiera las luces y las sombras que proyecta la naturaleza entre las cortinas de agua que descienden desde el firmamento, tan sólo las poseen en espléndidas estampas sostenidas en las paredes por antiguas cornucopias que inducen a una abstracción sin sentido que gira en una excéntrica órbita egocéntrica y narcisista. En esa parábola transcurre una realidad alejada del resto, sumida en un sueño que nunca deja de serlo, semejante a la condena de Sísifo por impiedad y que pone en entredicho la inteligencia humana. Mientras tanto, a paso lento, el resto de la humanidad va escribiendo letra a letra las páginas de su propio panegírico que los vientos de cada estación y de cada punto cardinal van pasando una a una, entre los olores de la tierra que son los tuyos, a los que huele tu cuerpo, a tierra húmeda que fertiliza hasta el pensamiento que razona sobre su piel. Mientras tanto, las nubes, sin jirones, hechas una masa corpórea se estrellan sobre los lomos de la tierra, envueltas de su certidumbre ancestral exudando desde su interior sobre las raíces todo lo que contiene la vida y que pertenece a una única razón, a la sabiduría que la origina.

The finite of the infinite by Ramón Sánchez

Indigencia.

La miseria, para una parte de la humanidad, desde no se sabe cuando, en una tierra repleta de frutos y bienes, se ha convertido en una sórdida voz, quizás en una indecente y miserabe palabra o, en una esquina de la calle que evitar o, simplemente en un mal olor. Algo totalmente relacionado con la forma de vivir y actuar humana anclada para el dominio de la subsistencia por un lado y, en el olvido por otro. Una constante renuncia a ella implica arrojarse a sus fauces, por ende, existe la miserable actitud de dejarse vencer por el pensamiento homogéneo enmarcado en las sociedades en las que su fin principal es sostenerse sobre la irrealidad que contiene el crecimiento infinito y los sueños que éste crea, en el abandono de la autosuficiencia que es la causa de la esclavitud, de la marginalidad y la miseria. Resulta rotundamente miserable confinar la vida de los seres en un reducto en el que el único fin de su existir es su éxito tras recorrer un tortuoso camino como si la vida sólo fuese una mercancía, y ello, bajo la creencia de que la razón es un descubrimiento antropológico desechable por inservible, bajo la creencia de que sólo es un arma inservible que podria destruir el bienestar que dejaron los herederos de la vieja burguesía que oscenamente ostentan todavía y del que tan sólo dejan las migajas sin que nadie caiga en cuenta de ello, o, quizás, no sea de interés saber que es una verdad capaz de adentrarse en las zonas de confort de una civilización en decadencia.

[ Untravel – Rival Consoles. https://youtu.be/cxxIN6fyj58 ]
[ Union Light – Solar Fields https://youtu.be/mJgF06bPHgI ]

Y mientras todo eso ocurre, vamos rodeados de la luz de octubre en un mes de septiembre que llegó tardío, como si las estaciones hubiesen cambiado de órbita, con la Linyera a cuestas cargada de presagios, de otoños que ya pasaron hermosos, de creencias increibles porque la razón así lo dicta, esperando la sopa caliente mientras transcurren las horas que quedaron en el camino para verlas pasar. En este lugar, en los vórtices de esos caminos aún se aspiran los vernáculos aromas que forman parte de la solidez con que conquistamos las esencias que nos hicieron poseedores de la razón para ser. Huimos de los territorios donde se gesta la intolerancia con uno mismo y desde los que se difunden las leyes contrarias a lo que de la tierra nos pertenece. Entre los bienes más preciados está el olor a la tarde que, no posee lo que las esclavas hordas, hechas gentes miserables, sembraron en favor de la miseria, como estandarte que simboliza su esclavitud, su congregación ante lo que jamás debieron poseer y que gira y gira como un Derviche alrededor del mismo delirio sin llegar nunca a su destino. Esa esclavitud posee la suficiente capacidad para someter a la libertad. Es la sombra que enmudece el color de la hierba y que enturbia la primera luz del dia.

[ Gaunt – Kiasmos https://youtu.be/8qnQCt7WEEE ]

A esa hora, nuestras lisonjas, como un oloroso vapor, van ascendiendo formando colosales bucles que como ciclópeas columnas helecoidales, giran y navegan impregnadas del éter que quedó sumergido en la eternidad, con aromas de lluvia recién caida, sin presagio alguno y con la certeza de que los astros dibujan la noche y el día bajo sus elípticas órbitas, ahí conocimos el viento sur que aligera la carga que lleva el invierno en su seno cuando arrecia sin benevolencia, y, los vastos pedregales que quedaron tendidos sobre la tierra tras desatarse las colosales fuerzas desde su interior, nos acogieron entre su nada pétrea donde los siglos permitieron que anidase la hierba, donde, a su vez, agarradas a sus entrañas crecen otras estirpes semejantes a aquellas que tuvieron su génesis en el universo que desconocemos o en los hielos de Kuiper. Vagamos por allí, quizás fuimos indigentes del destino, con pan duro de tres días atrás dentro del morral de lona desgastada, compartiendo espacio con el abrigo y el queso, con el agua y el vino.

[ Svaneborg Kardyb – Op https://youtu.be/puEclhRxRik ]

Aquella indigencia era envuelta de los aromas que desprendían las cráteras rebosantes de las esencias más antiguas, nacidas del roce del rocío con la roca y las ramas de los bosques que, sin pausa, éstas, van escribiendo compases en el aire al unísono de las aves que ascienden livianas bajo la bóveda celeste, mientras, en su vuelo aprenden nuevos lenguajes o, quizás, repiten aquellos que en el origen del mundo ya aprendieron para no olvidarlos. Aún siendo de día nos envolvieron las magnitudes estelares y descubrimos que la imagen que siempre percibimos de nosotros mismos como unidimensional, siempre habia sido tridimensional, pero, seguimos siendo obstinamos en vernos como una hoja de papel en blanco o una fotografía sobre papel de brillo que, en su naturaleza, encierra un signo más de escasez y necesidad. Nunca pensamos que las fortunas que afligen al mundo, desde el saqueo de Troya, continúan tejiendo redes en los estercoleros donde la humanidad levanta templos en honor a la fortuna. En ellos las oraciones suspendidas en el aire, vagan en ondas longitudinales imprecisas recorriendo los rincones del espacio en su búsqueda de algún lugar donde reflejarse y viajar junto a la luz para posarse perpetuamente. Pero, afortunadamente, los vientos traen consigo las esencias inalteradas, transformadas en céfiros que se unen a la última luz en el ocaso, y, ahí nos dejan sus aromas lejanos que el tiempo dejo dormir para sólo escucharlos.

[ Golden Times I – Ben Lukas Boysen
https://youtu.be/1KrewTmAhkk ]

No es sólo miseria no tener nada, lo es no contemplar, no detenerse ante las magnitudes que nos rodean y que forman parte de nuestra benigna esencia, lo que siempre, por fortuna, nos acompaña. Así,  caímos en las aguas de Lete, el infodémico río de Hades del que se sabía que sus aguas provocan el olvido. En esa vertiginosa caída buscamos erróneamente los antídotos que disuelvan nuestros males entre los entresijos que causan la debilidad de los demás y, olvidamos la parte fundamental que nos hace seres, lo que siempre fue cotidiano antes de que nuestra desmesura superase los límites de la naturaleza, quizás no pensamos nunca en ello a pesar de ser seres pensantes sujetos al equilibrio que, es la cualidad para serlo, para desarrollar los diversos conceptos y razonamientos que respondan a las percepciones de nuestro entorno diario, en el cual, la carencia de las irradiaciones que desprende todo aquello que hace posible la vida, dificulta su existencia, abocando el destino de las sociedades que, reproducen incansablemente, una y otra vez, a través de sus generaciones, su forma de ser, a un estado de conformidad y sumisión, de complacencia con lo que hemos creado, en suma, a una pérdida de libertad debido a las ataduras que contiene todo ello, convirtiéndonos así en ociosos viajeros que circulan por el mundo como meros bienes de consumo, una irrealidad hecha realidad.

[ Losar – Josep Beving – https://youtu.be/ZzUr-8GtNnc ]

Nunca existió la libertad, es sólo un arma social, ideológica y filosófica para enfrentarse a los condicionantes que, en el transcurso de nuestra vida, surgen para la supervivencia. Y paradójicamente, es ilimitada y, sujeta a la dependencia y la necesidad, así, somos como un pájaro enjaulado, acostumbrado a la herrumbre de los barrotes que le rodean y que cree ser libre porque nunca vio otro horizonte, la expresión de la ternura, la dulzura y la bondad que, son sustantivos cuyo verdadero significado es excluido del decrépito mundo en el que sólo existe la idolatría hacia el consumo que se desarrolla en las civilizaciones mantenidas bajo las leyes que éste les dicta. Mirando hacia otro lado, o, sin prestarle demasiada atención a todo lo confusamente extraordinario que sucede a nuestro alrededor y, lejano de los fines que la humanidad pensante diseñó para comprender nuestra posición en todo lo universal, vagamos con plena ausencia de lo realmente esencial, despojados de ello marchamos como un devastador ejército precedido de miles de banderas resumen de los símbolos que enarbolan el único pensamiento, sin pisar las hojas del otoño porque ya quedaron plasmadas en millones de pantallas móviles y a la espera de que nos anuncien la próxima estación para asaltar los escaparates.

[ Kizuma – Alva Noto & Ryuichi Sakamoto
https://youtu.be/mLbRA-Oz_50 ]

Con las ventanas cerradas nos inhibimos de la atávica lluvia, del sonido cristalino estrellado contra las hojas secas que siempre nos acompañó desde el inicio de los tiempos. En esa caverna condenamos a los poetas que escriben versos a aquello que ya nadie ama, y que, ni siquiera contempla porque, se impusieron en su lugar otros cánones diseñados para desviar la atención a otros fines más lucrativos y, por ello, los nombramos y llamamos malditos. Mientras perdemos el tiempo calificando lo que no entendemos, dejamos de girar en el cosmos que nos fué legado por el tiempo, por su perseverancia, y quedamos sujetos a una órbita en la que construimos una ficticia abundancia, que, como un virus se apodera de todo aquello que pretende vivir de otra forma.

[ I Won’t Be Running – Nils Hoffmann https://youtu.be/NxGhKORxl94 ]

Como seres inamovibles, de pensamiento pétreo, incrustados en la corteza de la tierra, nos hacemos piel de una eternidad dormida, estática, carente de tiempo, cargada de silenciosas brumas que sólo giran alrededor de su propio origen y, deambulamos por las cuencas estériles de universos inventados derrumbando fortines y construyendo fortalezas donde guardarse de la propia verdad. Así es la absoluta miseria, inmersa en la espera de que Medea use sus hechizos y la frote con una rama de enebro para hacerla dormir. En el mismo orbe, el resto de seres que nos acompañan sienten y discurren dentro de su singularidad, lanzan su olfato al viento, sus colores y sus sonidos, sus fragancias y sus formas al espacio que impregna la vida en común, habría que fijarse en ello para comprender muchas cosas. Que tras las cortezas de los árboles se esconde la sabiduría que el tiempo generó, bajo el barro el manto oloroso que alimenta la descomposición, y, más allá, amanece en los barrancos que cirscundan las aves agarradas a las corrientes aéreas desde donde dibujan los mensajes que les dicta la tierra. Nunca lucharon contra el tiempo porque sus quebradas sólo esperan la lluvia, el pan de la tierra que transforma la belleza de lo estéril en alimento. Y desde allá nace la luz que tapiza los senderos de brillos y sombras, bajo un universo impredecible en el que están escritas todas nuestras páginas, iluminadas por farolas colgantes que dibujan en la noche cada signo zodiacal que inventamos y que contienen en su interior infinitas partituras donde están escritos todos los verbos. En sus estribaciones, anidó allá, cuando el tiempo no existía, el espíritu superior, vestido de viento y, sobre sus hombros, ancladas las nieves perpetuas que dentro de su regazo dieron asilo a las semillas que jamás nadie sepultó y, entonces te habló la tierra con un diálogo sensorial desconocido.

The Potion Against the Light by Ramón Sánchez.

Silencio.

Los silencios conducen hacia lugares donde las emociones y las pasiones despiertan al resto de los sentidos, siempre estuvieron y están ahí y ahora, por nuestras circunstancias, duermen en otro silencio. El silencio es el gran oximoron porque posee el trueno, las tormentas y las batallas. Siempre espera a la vuelta de los recodos en los senderos desde que alguna vez el tiempo lo dejó ahí, impasible, enorme y persistente. En él murmuran las aguas antiguos cánticos que conducen hacia los caminos que desembocan en la belleza, quizás nos lleve un tiempo más comprenderla para actuar como ella, me refiero a la belleza, claro, que también reside en el silencio. En él navegan las nubes estirándose hasta llegar a envolver los eternos misterios que quedaron encriptados en las cimas de la tierra, y allá, quizás todavía se puedan escuchar los relatos que guardan celosamente entre sus rocas, donde aún resuenan los suspiros que acompañaron el lento caminar de algún lejano ser rebotando incansablemente amarrados al viento que roza sobre sus aristas. Mi silencio es igual al tuyo, tan ancestral que pertenece a la eternidad y traspasa los límites de lo que tu y yo conocemos.  Existe un retiro del cuerpo y del pensamiento en los silencios que pueblan la tierra, son lugares donde nuestro espíritu es un desconocido que elude lo conocido, pero, su solidez, la del silencio, es capaz de despojar todo aquello molesto que sujeto a nuestros actos diarios nos es imposible apartarlo.

-[Untravel – Rival Consoles https://youtu.be/cxxIN6fyj58 ]- [Says – Nils Frahm https://youtu.be/dIwwjy4slI8 ]-

Otros silencios invaden con crueldad las benditas soledades en las que podemos encontrar los remansos donde nos hacemos seres extraordinarios, son crueles porque nos hacen inclinarnos ante las brillantes pantallas de vidrio donde se reproducen las realidades de una» élite» y la de unos pocos que la idolatran, de los que seguramente, ninguno de ellos, nunca intentó navegar entre las entrañas del silencio. Pero lo más despiadado es que, al mismo tiempo, forman parte de algo convertido en esencial para una humanidad tecnológica que deja al margen la posibilidad del desarrollo individual de los seres que componen ésta civilización. Es el germen desde donde nace una brecha que pone distancias entre el avance de la ciencia y las cualidades del individuo además de la imposibilidad de poder ejercerlas. Entre esa imposibilidad hay varias razones que dan lugar a ella; la ignorancia que reside en la negativa a saber, la manipulación y la necesidad. Nadie nunca puso, por encima de lo imprescindible, lo vital de conocer y adentrarse en los silencios y, para ello se creó una industria de entretenimiento que incide sobre el pensamiento a la vez que se arrancaron las páginas de los libros que contienen el saber.

Aún nos queda el silencio que circula tejiendo su red entre las ramas que se extienden al borde de los caminos y agarrado a las hojas secas que se dejan caer, impasible a lo que acontece a su alrededor, absorto en su propio silencio, disconforme con los sucesos del mundo y asomado a las atalayas del pensamiento. Aún está a nuestro alcance el silencio que brota en las calurosas noches de agosto tapizadas de nítidos firmamentos en los que viajan las constelaciones que siempre alumbraron nuestro vagar por la tierra. Nuestros pasos rotos sobre el crujir de los guijarros o, los que se hunden tras la lluvia sobre la tierra mojada son los que avisan de su existencia y de la nuestra misma, es el instante donde el olvido se hace presente. Debía de ser implacable el silencio con aquellos que viven constantemente rodeados de y en la codicia y también con sus fieles sirvientes porque, el silencio contiene el conocimiento y el saber, y, el poder emascarado de sutileza capaz de extender la pobreza sin diálogo alguno.

Entre la distancia sideral que nos separa del cosmos viaja el silencio, oculto como un clandestino, pero, tan sólido que con su presencia nos empuja hacia los territorios donde cohexiste con nuestra existencia y nos hace ser. El silencio contiene un interior desconocido y, a veces, devastador, rodea los habitáculos del pensamiento donde es capaz de absorber todo lo perceptible y lo imperceptible y, en su lugar, transformarlo y abrir el camino en el que poder identificar nuestros verdaderos males. Es un seductor del pensamiento al que nadie que le falte tiempo le presta atención. El habitante de los espacios que se tiñen de blanco a finales del otoño, aquél que alivia la aflicción cuando ésta llega, porque, en él están los sueños. Los silencios ocultos tras el destino son los únicos que guardan las respuestas a nuestras preguntas y que sueñan nuestros sueños, son inviernos cargados de eternidad, de sonidos afilados sobre la hoja de la espada del tiempo. Continuará agazapado tras el torso de los árboles, horadando sus viejas cortezas, abriendo camino a las malezas repletas de escaramujos en los que, sobre sus espaldas, anide el rocío con sus minúsculos espejos al mismo tiempo que las fragancias hacen eco de su latir. El silencio precede a la tormenta, a la lluvia silenciosa que lo rompe cuando se convierte en torrente y se agarra a las hojas que caen. Contiene el aroma que desprende el humus de la tierra envejecido por los años y sujeto a la magnitud del tiempo. En silencio vamos desgranando lo erróneo anclado sobre la certeza de que nuestra presencia es ilimitada y que, por tanto, pertenece a una eternidad, porque, en silencio creímos ser los descendientes de lo universal. Sin embargo, nuestra inmortalidad es la estela que deja nuestro paso, sujeta al tiempo y a desvanecerse en silencio para llegar a donde no existe nada conocido, tan solo el silencio que es lo inmortal.


Horizon in a bottle by Ramón Sánchez

Cultura y eternidad.

La cultura y el saber son dos ciencias que comparten un mismo tronco, pero, una no implica a la otra. Entre ambas, a su vez,  discurre el conocimiento que bebe de las aguas de la primera. En nuestra civilización la cultura ha sido invadida por un saber que, con implícita soberbia, se desarrolla por si mismo partiendo desde la diversidad que contiene la cultura, pero no hay que olvidar que, el saber es sólo eso, un rastro, la estela que vamos dejando a nuestro paso, sólo son vestigios, la cultura siempre está presente, está en el verdadero interior de cada ser y lo que sea capaz éste de hacer con él, con la intuición en algún caso y la certeza en otros de que, su acto servirá para provecho de los demás y para ello se servirá del conocimiento a su alcance en ese momento sin tener en cuenta que el saber, en ese instante pueda ser inexacto.
Resulta totalmente erróneo pensar que quién posee la sabiduría también posee la cultura. Ello no es más que otro símbolo que utiliza una sociedad monopolizada por el éxito, basada en la proyección personal hacia un estrato superior en una falsa pirámide social, ese saber es el sustento que mantiene ésta civilización en decadencia y erguida sobre los frutos y bienes que nos son comunes y a los que nunca se le ha dotado de su verdadero significado. Con todos esos elementos se ha construido el significado de aquella primera palabra. Sin embargo, la cultura es la que posee en su seno su propia inherencia sin que ésta haya sido masacrada o expulsada por cualquier otro agente.
Pervive anclada en las ondas que emiten las órbitas de los astros, perfumada por los aires de los bosques, con la música de las aguas y los Ainur, el canto de las aves y las hojas que se rozan, navega a lomos del susurro del aire que se incrusta entre las rocas, con su luz al trasluz, sigue estando ahí rodeada de los perfumes de la tierra con los que adorna los tesoros milenarios, la tierra húmeda que se hace fértil, también está en los actos humanos que se oponen a las culturas que emergen desde los estercoleros del mundo sobre bases bien distintas y que imitan a aquella macabramente, añadiendo, para la existencia de éstas últimas,  argumentos que sólo pertenecen a aquellos que crearon para si mismos el «privilegio» que, no es más éste, que otra forma de sutil dominio basado en teorías inventadas para poder ocupar ese trono preeminente.

Y ahora, ensimismados por las luces que alumbran el interior de esta caverna mágica donde nos encontramos, tan distante de esa realidad en la que inexorablemente gira la tierra y donde nace la capacidad de conmover los sentidos con sus esencias,  ( https://youtu.be/lfYkLviyyF8 ), vemos que está construida a medida y por quienes prentenden que así sea, en su interior discernimos sobre este choque de culturas al que asistimos, donde, una de ellas, se basa en una ignorancia y en una locura moral sin precedentes que se adueña de su interior, aprovechando, para introducirse, el hueco que dejan las consecuencias de una sociedad acomodada sobre una fábrica de sueños imposibles. La otra cultura continúa con su desafío a la supervivencia, consciente de que lo eterno pierde el significado reflejado e impreso en los libros de las culturas masivas porque, en su lugar, el fin y el principio, forman ya parte de otro círculo distinto en el que gira otra distante eternidad a aquella y que pertenece a lo terrenal. En base a ello, podemos decir entonces que, existen tres eternidades en tres dimensiones; la del ser humano y sus cosas, la del cosmos y la otra a la que nadie tiene alcance.
La primera sigue los pasos que el «Éxodo» relata sobre una cultura que entonces ya nació y que se extiende hasta nuestros dias en los que cada cual persigue eternamente su Vellocino, prácticamente nadie de sus integrantes, desde entonces, siguió los ejemplos de su protagonista y, a pesar de ser consideradas sus páginas sagradas, no dejan de ser unas páginas más que adquieren la fórmula de premonición. Ni el poder, que durante siglos guardó celosamente esos textos anónimos, ni sus sirvientes, han tenido en consideración la certeza de que aquellos hechos hoy puedan existir.
La segunda, la del cosmos, está sujeta a los actos humanos que sean capaces de extinguir nuestra presencia en él. Y la tercera, a pesar de todo, seguirá estando ahí.

Crouching reality by Ramón Sánchez

Acentos.

Nacimos pobres y, ricos de injusticias, lo que acentúa aún más el tiempo de escasez al que nos dirigimos, y que, por otro lado, incide sobre el equilibrio perjudicialmente, activando mucho más allá el significado que contiene el interés.
Tras ese interés, florecen en todas las culturas desorientados activistas de mil clases e ideologías que pretenden salvar a la humanidad exhibiendo panfletos llenos de conjeturas basadas en incoherentes relatos, escritos bajo los efectos de alguna pócima elaborada por algún grupo de poder con el fin de hechizar a cualquiera que se detenga a leerlos. Y, así es porque, el poder siempre ha tenido sus sirvientes y a los escribas que van dejando constancia de ello hasta hoy, un rastro convertido en un signo más de la arrogancia y la decadencia de una civilización escrita por ellos mismos.

Hubo y hay gentes que nunca tuvieron una ventana diferente a la que por primera vez se asomaron en su vida, quizás por el infortunio que les tocó heredar o por el desinterés o la indiferencia. Asomarse a otra ventana distinta que enmarca otros horizontes, es un acto de pasión precedido de voluntad y del valor y la energía que acarrea esa pasión. Asomarse a las benditas soledades donde reside el alma, es la ventana etérea desde donde aflora lo más cercano, lo más terrenal, la cuna de lo humano, de lo exacto y de lo inexacto, del orden distinto al que las mayorías rehúyen,  es la corteza desde la cual contemplar el «praná» que exhala la tierra, el alimento y el aire que en muchas ocasiones es tan escaso. Es un exquisito interior anclado en una efímera eternidad que despliega sus raíces bajo nuestros pies. Otro distinto discurso alejado de los obscenos circuitos masivos en los que la inteligencia y la razón son reducidas a meros productos exhibidos bajo etiquetas mercantiles.

Así, nuestros argumentos y la demostración de los mismo son otros, son opuestos a aquella reducida inteligencia, digo nosotros, no porque en ello se encierre algún tipo de exclusión racial, ideológica, política o religiosa, sino porque la razón que se esgrime en ellos pertenece a las estirpes más puras que sobreviven de todo aquello, que nunca se dejaron engañar y, las que aducen pruebas suficientes en apoyo de si mismas con su simple actitud ante todo lo que acontece. Son las que siempre negaron que existiese indicio alguno de salud por estar bien adaptado a una sociedad enferma. Y, en ellas también habitan las tormentas y la tierra mojada, la tierra que aún no tiene impreso su nombre científico, la tierra húmeda que reverdece, la que sostiene las raíces y la que empuja los frutos, la mano amiga, la que resiste a la traición del hombre.

Existe en estos suburbios del mundo donde habitamos, el azar que cubre con su manto la justicia, y también la remota posibilidad de hallarla. Quizás nunca existió y fué una palabra inventada. O quizás apareció cuando quienes se apoderaron de los bienes terrenales fueron importunados por sus verdaderos herederos. Por ello, muchas historias fueron suplantadas por otras distintas, superpuestas con un sagaz velo capaz de ocultar las imperfecciones que sus artífices entendieron que existian en ellas y, así, protegerse y poder reclamar todo aquello que en su ley dejaron escrito los autores que fueron designados para ello.

Los aires y los vientos obedecen a sus propias leyes, al igual que las tormentas y los amaneceres que son seres que pertenecen a lo extraordinario, lo mismo son las aguas que atrapan los reflejos de aquellos y, al igual que las raíces que se hunden en la tierra fértil presumiendo de su vieja eminente sabiduría, la que concentra abrazada toda la eternidad que contiene el poder, la que esgrime con la paciencia de los siglos la lucha contra la ciega autoridad humana.
La mayoría de los libros sagrados que esa autoridad fue dejando a nuestro paso, no hablan de ello, sólo relatan multitud de recetas imprecisas que sólo sirven para sanar una imperfección que creyeron encontrar, pero, que no existe, en ellos también sobran alusiones a una precaria justicia nacida, según sus páginas, en algún recondito lugar desconocido del espacio, y que, es empuñada por alguien que guarda las armas con las que algún día ejecutar a aquellos que desobedecieron sus preceptos y reglas marcadas para dirigir y manejar a los pueblos y a los ejércitos y a sanar las almas apresadas por acogerse a razones distintas de las que contienen sus hojas. De ahí, de todo ello surgen las semejanzas entre el mito y la profecía, y poco a poco su transformación avanza, el mito se idolatra y la profecía se convierte en inhumanos algoritmos capaces de sedar el pensamiento y crear en él una historia diferente, jamás escrita, poderosa como un encantamiento que convierte las percepciones en signos latentes donde dirigir nuestras naves para arribar. De esta forma, el capitalismo imperante, hace hueco y crea una dependencia absoluta, una necesidad de serle fiel servidor hasta el punto de dirigir cada uno de nuestros actos hacia sus fines más perversos e infiltrarse en su seno con total obediencia, asumiendo la esclavitud que ésta lleva consigo.

Aún poseemos a nuestro alcance los argumentos que confluyen con los mismos que posee de manera inherente la naturaleza y, aunque siguen pasando desapercibidos, ya que buena parte de nuestros intereses están sujetos a los que las sociedades en las que vivimos van marcando, están siempre presentes, están en nuestro interior, en nuestra parte más profunda, en esa parte olvidada y que es sorbida como un jugo exprimido por una forma de vida fabricada para hacerse con ellos. Poseemos el alma racional que hace distinto a cada sujeto y también la diversidad que no está sujeta a todo lo homogéneo con lo que la industria seduce a buena parte de la humanidad, (o, se deja seducir), y a pesar de ello, transcurren nuestros días sumergidos en aquellos relatos que en nada se asemejan a la realidad, haciéndonos serviles a un mundo inventado en el cual sólo existen nobles y plebeyos, malos y buenos, ricos y pobres, adecentado con las especias con las que retransmiten incansablemente las cadenas haciendo real aquello que crearon para que existiese. Nos queda también, dentro de cada uno de nosotros, el diálogo con la incertidumbre que forma parte de esa abrumadora realidad que vive agazapada tras de cada individuo donde, inexorablemente, reside nuestra verdadera forma de ser que, por imperativo social,  queda en un último plano.
Y, así, sin sentidos que nos acompañen, vamos con la mirada fija en un sólo horizonte, distraídos de lo esencial, envueltos por una aislante tela mágica cubierta de trampantojos que ilustran todo un universo fingido falazmente, haciéndonos cada vez más espectadores de la caverna de Platón.

Crouching reality by Ramón Sánchez.

Equilibrio e interés.

Nos encontramos ante una descomunal dependencia de una globalización mal diseñada y de complicada vuelta atrás, nuestros entornos, uno a uno, se van sacrificando para mantenerla, mientras se va produciendo ese desgaste, bebemos en las fuentes de un conocimiento erróneo basado en teorías irreales incrustadas en las sociedades por una élite que desarrolla una digerible semiologia proyectada a modo de receta capaz de curar los males que esas mismas minorías, en un circulo infinito, provocan. De ésta forma tan sigilosamente ingeniosa, tal sistema, es capaz de raptar la libertad y asignarle a ésta un distinto significado, habría que tener en cuenta, y no es un secreto, que, la libertad pertenece al mundo etéreo que alguna vez conocieron muy lejanas generaciones, frágil y moldeable y muy distinta de la semejanza que pueda existir con la libre elección. El interés, contenido también en esa libertad de elegir, sin incluir en éste el afectivo inherente de la persona, es otra fórmula por la cual adquiere sentido el resto de actos que nos acompañan, es un muro que se antepone a la liberación del pensamiento y que disminuye la facultad desinteresada de obrar, es causa de la desigualdad y desconfianza con el resto, además de ser, un componente más del colapso que comenzó a rodearnos y que ningún visionario tuvo en cuenta entonces. Así se construyen los universos paralelos y también los signos que apuntan en las encrucijadas hacia otros destinos. Y en ésta nuestra suerte, elegimos el perfil más tóxico de aquellos universos para los que, existen dos antagónicos antidotos; combatirlo o, contaminarlo aún más, ambos pertenecen a la libre elección, pero, la indiferencia que se apodera de los sentidos, en muchos casos, es un impedimento más para decidir y, la causa de una buena parte de nuestros males semejante al vacío de iniciativa.

Hubo sueños tejidos sobre la piel que cubre la esperanza, fueron arrebatados y suplantados por urdidas fábulas que aquél vasto interés extendió sobre una alfombra roja que, más tarde, puso bajo nuestros pies, y, luego también fueron disueltos y, en su lugar, crearon otros muy distintos semejantes a la indigencia mental y, con el mismo efecto con que Eros, el dios del amor, mojaba sus flechas en la miel antes de lanzarlas a los hombres o a los dioses.
Pero aún sobrevive en nuestra geometría interna todo aquello que se escapa de lo superfluo, la disposición precisa con la que eludir el desgaste de nuestros entornos y la manipulación del pensamiento en el cual reside la actitud de decidir y no la de un mero propósito. No debe existir disyuntiva alguna en ello, pues cada segundo que transcurre pertenece a una única realidad, aunque ésta se halle escondida tras otras. De lo contrario seguiremos formando parte de aquello que Erich Fromm definió: «el ser humano se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo, y siente su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente; si lo logra, habrá «triunfado» y su vida tendrá sentido; de lo contrario será un «fracasado».»

La naturaleza es la creadora de la realidad, capaz de escribir sus propios poemas, y lo hace desde la savia donde se aloja su sabiduría milenaria. Sin embargo, lo humano bebe de las mismas aguas y se distancia cada vez más de su origen buscando en lo finito lo infinito. Nuestras semejanzas con ella, a lo largo de los siglos y con la ayuda de nuestra cultura oral, ha ido perdiendo la similitud que nos hace ser, una transmisión oral dirigida desde una élite erigida con todos los poderes posibles y profusa en crear realidades opuestas a la consustancial que posee la tierra, es causa de ello. El pensamiento en muchas circunstancias es débil, transformable por todo aquello físico y virtual que dispara emociones somáticas surgidas por la acción de percepciones fabricadas con espurios fines. En éste espacio de tiempo tan apartado de todo aquello que contiene la naturaleza que genera la vida, las percepciones también se fabrican con la suficiente proporción capaz de eludir la racionalidad que puede haber en nuestros actos, y, nuestros sentidos, desconcertados por ello, las transforman en emociones que, a través de generaciones son transmitidas de diversas formas al igual que el pensamiento una vez manipulado y el entorno que, una vez llevado a cabo incide sobre esas emociones. Son acciones de los intereses de aquellos que sólo buscan la utilidad del desconocimiento y del saber útil con valor comercial.

Quizás lleguemos a aprender a hablar con nuestra propia voz y no con la de los demás, en la nuestra está la poesía y la música y el arte de vivir la única vida que tenemos. Quizás lleguemos a aprender a sólo contemplar y dejar a un lado la continua espera que sólo sirve de asedio a las esperanzas y a lo que un día soñamos. Para ello, me aferraré a la química de la que se compone todo nuestro ser, sujeta a la gravedad, a esa fuerza invisible capaz de contener en su interior al equilibrio y de diseñar un nuevo orden lejano a las conspiraciones que, emergen como únicas verdades, plasmadas en divinos panegíricos contrarios a la voluntad que encierra en sí el bienestar de la humanidad. Todo debe obedecer al equilibrio, somos un organismo viviente residente y parte del que nos sustenta, ambos, integrantes del cosmos que proporciona la concepción de lo que nos une a lo universal y donde encontrar un nuevo imaginario que contenga otro concepto planetario. Para poder basarse en ello, resulta imposible hacerlo teniendo en cuenta solamente las evidencias que, sólo son límites, pues la evidencia es algo que pertenece a un instante pasado. El crepúsculo es una evidencia, pero en su interior, en sus haces luminosos, se encierran lo acontecido ya y su recuerdo y, lo venidero sujeto a lo que la imaginación, la ficción o la intuición abre camino. También contiene el resumen de un día y, físicamente, por medio de la química celeste, el pronóstico del próximo día y el anuncio de unas determinadas condiciones atmosféricas. Para que el equilibro sea tal, debemos acogernos a la desobediencia y al decrecimiento y obstaculizar el florecimiento de la vida subordinada a la de otro.

The potion against the light by Ramón Sánchez.

Otra realidad.

Toda la poesía está en la Naturaleza, la trascendente y su opuesta, igualmente en su belleza y en su evolución eterna, en su acto desinteresado y en su racional forma de habitar. También en la mirada de quién la retiene y la traduce, en la que observa deteniéndose en cada rincón, en cada rama. Cada uno de sus dramas viene envuelto de perfumes y, también de descomposición, de minúsculos cerebros que alguna vez hicieron eco de su existencia y de pasados que construyeron futuros. La descomposición de las palabras y de la naturaleza trae consigo un alimento agridulce que contiene el pasado y el futuro y, quienes en ese cosmos son capaces de absorber tal belleza, de hablar de la verdadera historia y escribir versos al tras luz, son los árboles, los que retienen entre sus brazos a las aves y sus pensamientos, los que componen la música trazando en el aire ondas etéreas como el viento, los que nunca conocieron el progreso porque sus raices, bajo la fórmula mágica que contiene su clorofila, las extienden al ritmo que marcan los miles de años que componen su existencia mientras, vigilan las constelaciones desde un único lugar. Quien dijo que la magia no existe quizás nunca estuvo envuelto de tales sutilezas. A sus pies los hombres siempre decidieron desafortunadas batallas que marcaron el devenir de los siglos, se construyeron alianzas y se fijaron senderos, marcaron horizontes y continúan siendo veletas que orientan y señalan los caminos al igual que las estrellas.
Son los poseedores de la única realidad que permanece auténtica sobre las demás, porque, aquellas otras, son mecanismos de defensa y existen tantas como seres hay, adecuadas cada una de ellas a la percepción del entorno de cada sujeto, y por ende, sujetas a las consignas que cada civilización establece para su supervivencia, marcada ésta, por la fuerza del poder y del destino que éste escribe. Aquella única realidad siempre ha planeado sobre nuestra existencia, es pura, y de ella emana todo lo que somos, da forma a todo lo que nos rodea y a toda clase de pensamientos, da lugar a lo certero y a lo erróneo y se difunde desde los cinco elementos,  el agua, la tierra, el fuego, el aire y el éter. En ellos estamos desde siempre, sumergiendo ahí nuestras raíces desde donde luego brotaran las estructuras sinfónicas que transportan en su seno toda la belleza que contiene lo humano. Seguiremos siendo nómadas, viajeros de un destino por descubrir, organismos semejantes a los bosques, pero, enraizados en una naturaleza despechada por el acto insolente fruto de nuestra propia soberbia.

Más allá de toda aquella realidad, constante, latentemente existente desde, puede que incluso, antes de que existiese la memoria, nos ha hecho lo que somos y no existe más allá nada más, fuera de aquella todo es meramente subjetivo, el resultado de una forma de vida de la que, con el paso del tiempo, cada vez quedará menos constancia de su existencia y, de la que ni siquiera quedarán vestigios físicos diferentes a todo el «menaje» que nos acompaña y, en la que todo queda sumergido en un espacio virtual del que físicamente no habrá lugar alguno donde encontrar sus restos. Efímero es el destino, pero este nuestro, sin constancia de ello. Siempre ha estado sujeto al poder que es la herramienta más errónea del ser humano en la que reside la lucha estéril contra el resto y el abandono de uno mismo y que, se dirige al mismo tiempo hacia la incomprensión, que, a la vez, forma parte de nuestra inherencia, tal abandono es el germen con el que erigir en el poder a quién no tiene suficiente templanza y cordura para usarlo.»Faetón condujo su carruaje y cuando le invadió el pánico perdiendo el control de los caballos blancos que tiraban, subió tan alto que la tierra se enfrió. En su descenso se acerco tanto a la tierra que la vegetación se secó y ardió, así convirtió, sin querer, la mayor parte de África en desierto, la piel de los etíopes se quemó hasta volverse negra. Ante esto, Zeus indignado, con un rayo golpeó el carro para detenerlo y Faetón cayó al río Eridano donde se ahogó y se convirtió en cisne según Ovidio.»

Lo que aprendimos en el transcurso del tiempo hasta ahora, hoy, ya no es lo que era entonces, los nuevos avances y descubrimientos, las alteraciones buenas o malas de nuestros entornos naturales y artificiales, las nuevas condiciones ambientales, las distintas configuraciones del mundo que entonces no existían, hacen que todo aquello sólo sea una semilla que, vista desde la lejanía que marca el tiempo, la dota de inexactitud, al igual que nuestra forma de actuar, al igual que todo lo que ahora tenemos a nuestro alrededor, incluso en lo relativo al pensamiento, pues éste ha quedado basado y sujeto a una asumida distinta cosmovisión que ahora percibimos diariamente y que antes no existía. Lo que afecta a nuestra configuración desde la cual nace el pensamiento que nos hace seres racionales, formada durante milenios, pertenece ahora a una realidad que podría llamarse, sin entrar en un debate, como; verdadera, pero, sujeta a la influencia que ejerce sobre él todo aquello que forma parte de la actividad humana lejana a aquél origen en el que, entonces, la subsistencia no era algo heredable, ni por supuesto, algo atribuido al ser y fuera de formar parte de la vida, su ausencia en este mundo en el que ya no es necesaria porque nacemos provistos de todos los elementos necesarios para sobrevivir, desemboca en la pérdida de algunos sentidos, en especial, la orientación que se traduce en desorientación espacial, y por ende, del pensamiento que,  por tal motivo, va transformandose en algo débil y manipulable. La subsistencia esta poblada por el espíritu de supervivencia que a la vez, éste, lleva consigo toda una filosofía en cuyo interior se encierra todo un pensamiento y, ante la ausencia de tal espíritu, la razón a ido irremediablemente adaptándose a una nueva realidad de la que no es seguro que esté ligada al progreso o a la evolución o, por el contrario, a un error, si no que viene dada por el fruto de la libre elección,  y con ésta, la renuncia explicita a la posible emancipación de los pueblos, tras acogerse éstos, al abandono de seguir siendo seres inteligentes, superponiendose a ello una estricta comodidad que se instaló como una espiral en la mayoría de las sociedades bajo las directrices de un modelo especulativo con intereses lucrativos, sin que sus efectos devastadores, en ningún momento se hayan tenido en cuenta, o, si fuese al contrario, nunca le haya interesando a nadie.

El progreso avanza sin pensar que los recursos en que se basa no son infinitos, todo ello va acompañado de una sofisticada semiótica capaz de embaucar a los pueblos desprovistos intencionadamente de los recursos para hacerle frente y que, les imposibilita ver más allá. Aún, en este mundo tan distinto que, se deja vencer sin resistencia y que todo lo ensombrezca la banalidad, lo hace homogéneo. Y en él, se siguen sembrando, como en la Edad Media, el sentimiento patriótico acompañado de fanáticas consignas enardecidas con signos inflamados de entusiasmos sobrenaturales para que los ejércitos enarbolen sus banderas.

Quizás, a partir de ahora sea necesario una Involución del pensamiento que contamine la política y la económica, acompañado de otra forma de actuar racionalmente acorde con nuestro origen y con los espacios que habitamos y, así, poderse detener a contemplar el «komorebi» que, es la luz que se filtra entre las hojas de los árboles.

Involutional argonaut by Ramón Sánchez.

Desaprended

Lo que aparece en sueños nunca es el presente, es un tiempo paralelo al tiempo conocido, un espejismo de lo deseado y de lo no deseado y, al mismo tiempo, el momento donde confluye la certeza con la pasión. Allá donde vayas siempre te acompaña una intuición y su evidencia, ambas trazan el extraño conjuro de que todo se sostiene sobre ellas mismas, una sobre la otra o viceversa, de esa forma, las confluencias nos hacen ser, son como una puerta abierta hacia aquello que un día irrumpió, que nunca se desató y al mismo tiempo se desató y pasó desapercibido y quedó suspendido en el aire vagando a lomos de los vientos. Nuestros sentidos, dormidos,  están bajo las losas que exhalan el sudor de la tierra como efecto de un vehemente calor que viajó desde la otra orilla del Marenostrum y nos recoge en el interior de un diálogo entre la ciencia y la divinidad (Aristóteles ya habló entonces de ello), en ese espacio discurre un discurso a partir de una abstracción que se adueña poco a poco del pensamiento y toma forma de una distinta realidad que lleva a un nuevo modelo paradigmático, a una nueva cosmovisión en la que casi todo lo que se construyó, desde siglos pasados hasta ahora, ya no sirve. Sólo podemos ocuparnos de reinventar los múltiples futuros que imaginamos y resolver la extinción masiva que comienza a florecer.
“La ciencia puede enseñarnos a no buscar ayudas imaginarias, a no inventar aliados celestiales, sino más bien a hacer con nuestros esfuerzos que éste mundo sea un lugar habitable» nos dejó impreso Bertrand Russell. Pero a esto, desde otro punto de vista, cabría rectificar que, todo lo que hacemos tiene su germen en la imaginación, y que, la ciencia se nutre de aquello que, fugazmente, alguna vez recorrió el pensamiento inspirado por cualquier tipo de contemplación sensorial con la que, en plena simbiosis, actúa la fantasía, la capacidad de crear lejana al progreso y cercana a la ciencia, dos disciplinas antagónicas a las que se les quiere dotar, erróneamente, de un parentesco paralelo e imposible de separar, sin que uno niegue al otro. Ahora partimos desde otra base, sólida y aprendida, partimos de todo aquello que la humanidad desarrolló con el fin de existir y de dejar constancia de ello a pesar de los errores, y que, en ésta nueva dimensión ya no caben.
Admiramos todo aquello que está fuera de nuestro alcance, incluso a los entresijos de nuestra mente. Pero ante ello, aún no somos conscientes de que nuestra presencia en el universo se constituye como un solo organismo viviente, una célula global llamada humanidad. Un organismo, en el cual, todo lo que nos hace ser es con un único sustento compuesto de las mismas materias en perfecta fusión y coordinación para sobrevivir y, en cuyo núcleo reside toda la información genética y epigenética y la interpretación de todo lo que las acompaña, transmisible todo ello como lo es, de igual manera, el pensamiento. Las teorías, las ideologías y las religiones contienen todas ellas un único sentido definido y definitivo, una información construida a lo largo de los siglos, pero, con la imperfección de que se han ido desarrollando sustentándose sobre la base del poder, que a su vez, contiene éste en su interior el espiritu más radical de la subsistencia que, incide directamente sobre todo el resto de seres que componemos aquél organismo, su influencia sobre él, la imposición y la manipulación y, su adhesión a todo aquello a lo que son vulnerables todos los sentidos de nuestra naturaleza humana. Quizás el aire de épocas lejanas ha estado siempre impregnado de todo ello y, convertido ya en una percepción que nos ha sido transmitida desde entonces a nuestros sentidos, que, como un etéreo ungüento, viene planeando sobre la configuración de nuestra forma de vivir y de existir, moldeando a su antojo los actos humanos desde aquellos orígenes remotos. Jesús Ferrero nos dice: «Creamos un engrudo con todos los errores de la vida y le damos el solemne nombre de Destino». Desde aquellos albores venimos escribiendo sus páginas, hay quién dice que, el destino no existe, pero la elocuencia de nuestro vagar desde que existimos afirma que somos sus creadores.

(- https://youtu.be/BKN0Bsii_Bk -)

Mucho de lo aprendido hasta hoy tiene que ser desaprendido para que, de esa forma, sea posible enfrentarse a la crisis que se cierne sobre nuestra existencia en todos los sentidos. El más afectado de ellos y por ello es el pensamiento que contiene la realidad natural y la psicológica, pues éste, dada su facilidad a la moldeabilidad y a la maleabilidad, es propenso a redirigirse hacia estratos distantes de su origen y, por ello la intervención sobre él mediante las percepciones que emite el mundo capaz de  sacrificar la existencia por un falso bienestar, le induce de forma negativa y agresiva hacia una deshumanizadora esclavitud. Así, un pensamiento distante de lo más esencial que es la naturaleza, resulta obviamente perjudicial para continuar construyendo una sociedad inteligente en la que se de cabida a todo con renuncia de lo nocivo.

Hasta ahora, nada de lo que nos ha ocurrido o, de lo que nos hicieron que nos ocurriese, no alcanza aún la magnitud que guarda encerrado nuestro futuro más cercano. Los cientos de miles de textos pasaran a ser viejos códices en los que se guardó una sabiduría que, por un lado, supuso el avance de una civilización hacia aquello que siempre resultó desconocido, sobretodo en lo relativo a lo inherente del ser, pero, confuso, en algunos casos y, destructivo en lo que concierne a nuestra relación directa con el entorno que hasta ahora hemos ido fabricando y, aún más con la naturaleza donde, desde siempre, reside todo nuestro sustento, también, en todos los sentidos. Por otro lado, poseemos el extenso compendio que contienen los afortunados descubrimientos y las falacias en su contra que, tan sólo son éstas, un resumen del presente y de lo venidero que quedó escrito por una civilización que comenzó su existencia hace aproximadamente cien mil años, de la que, toda su sabiduría cabría en la palma de la mano. Con respecto al primero, aún queda por desarrollar toda esa ciencia y sabiduría que guardan, sirviendo todo ello como punto de partida hacia el encuentro de la verdadera armonía. Respecto del segundo, buena parte de su contenido es sólo la transcripción literal de la historia presentada ante nuestros ojos como algo verdadero sin que seguramente lo sea, salvo lo estrictamente empírico, y ello obedece a meticulosos estudios realizados bajo el síndrome de la manipulación y con las técnicas de épocas donde cualquier discurso ha estado y está sujeto a teorías rodeadas de intereses particulares y dogmas sociales provenientes de ancianas ideologías ancladas en los tiempos hoy caducas.

Poseemos fantásticos santuarios en los que se guardan celosamente los registros del paso de la humanidad desde tiempos ancestrales por éste recóndito mundo, llenos de ciencia y sabiduría, pero, aún, inconclusa porque, partiendo de la base de que nuestra presencia forma parte de un organismo vivo, toda nuestra visión y forma de actuar está sujeta a la expansión, a la errónea teoría de infinitud terrenal, a algo inalcanzable que desde nuestra ínfima presencia nunca llegaríamos a poseer, por dos razones; la inexactitud del complejo pensamiento y las limitaciones espaciales. Por lo tanto es algo que no existe y nos aferramos obstinadamente a la creencia de su existencia. Si hubiese un final para todo ello, sería la verdadera fuente donde encontrar las respuestas a nuestras preguntas y calmar asi la sed de conocimiento, pero, lo que poseemos de todo ello hasta ahora es tan sólo un germen que contiene solo un principio. En aquellos textos sí abunda la eternidad que es la poesía y, abandonada ésta en los rincones, miramos sólo al infinito, destructivo y excluyente progreso como única ciencia capaz de dignificar las cualidades humanas. Mientras profundizamos en ello, el mundo sigue discurriendo sobre dos realidades distintas a dos velocidades diferentes, el pensamiento que lleva consigo el acto propio y que forma parte de una de ellas y, la otra, la que está sujeta a la imaginación donde reside la ciencia y la tecnología, ambas dan forma al entorno en el que sobrevivimos y se desarrollan paralelamente sin llegar a tocarse pero, coincidiendo en la lejanía como un seductor espejismo y, así, las dos líneas, en su distinta trayectoria, contienen la capacidad innata para crear un mundo distinto. Pero en ambas existe la duda eterna desde que somos, la búsqueda de un origen más allá de lo remoto, lo oscuro y difícil de comprender que da impulso a todo el pensamiento e inflama, por su efecto, el espíritu de crear, así, se podría decir que el ingenio es algo ilimitado que transcurre entre lo afortunado y lo erróneo, enlazado directamente con la cualidad del aprendizaje y que ésta cualidad contiene dos direcciones opuestas que a la misma vez no tienen fin así como una sola opción, la de elegir. En ello existe un matiz importante y, es que, irremediablemente, para avanzar siempre hay que mirar hacia atrás.

B a c k. by Ramón Sánchez

Espejo del silencio.

Los silencios son la lluvia, las secas grietas sobre la piel de la tierra, el paso de los días con sigilo. Dias en los que el polvo se hizo barro y el barro polvo que dejó sus semillas y ascendió agarrado al viento. Fuimos silencio antes de que existiese, antes de que la música sonara en las atmósferas ingravidas con el rozar de los astros en el cosmos, entre gigantescos destellos que se suceden desde entonces desvaneciéndose en las ciclópeas fauces del indomable universo y que, iluminan los restos de polvo arcaico con el que se construyen las galaxias y el silencio. La tierra brillante del espacio que, son los restos de colisiones estelares, dejaron su trayectoria, cayeron y atravesaron la seca copa del sombrero tejido con juncos del Niger para posarse sobre las cejas, sobre la piel que, al mismo tiempo, dejó que se sumergiesen bajo la epidermis junto con los mensajes que llevaban consigo, mientras,  aguardaba en silencio tendido en la noche fria sobre el verde de la tierra rebrotado tras el invierno, y, bajo la luz cenital con los ojos bien abiertos contaba destellos. Unas horas antes, los muros verticales raspados por los hielos que alguna vez contuvieron, se tiñeron de sonrojadas luces que construían sombras rectilíneas y sinuosas que iban dibujando vasares colgados del vacío, cavidades donde se introducían las vocalizaciones penetrantes y metálicas de las chovas con su «quiak, quiak»,  que recorrían todos los huecos de las vertiginosas paredes y viajaban después sobre el lomo del eco hasta hacerse silencio. Al mismo tiempo, las aguas que brotan entre la tierra y el hielo casi eterno, sacaban de las profundidades los arcanos que guardaron antiguas generaciones bajo las rocas prehistóricas, de ahí brotaban nítidas aguas que rompían el silencio, o, mejor dicho, hacían que el silencio existiese.

Desde allá, regaron nuestras raíces para que brotásemos siguiendo la finalidad que erigió una progenie procedente de los linajes más auténticos que jamás se dejó seducir por el orgullo de pertenecer a ésta nueva civilización que se abre camino desde fundamentalismos materiales que intentan revelar una verdad genuina. G. I. Gurdjieff relató que: «La cultura contemporánea requiere autómatas. Una cosa es muy cierta, la esclavitud del hombre crece y aumenta. El hombre se ha convertido en un esclavo voluntario que ya no necesita cadenas. Él comienza a encariñarse con su esclavitud y hasta a estar orgulloso de ello; esto es lo más terrible que puede sucederle a un hombre «. El relato diario que mantiene la naturaleza es el punto de inflexión desde donde partir para construir nuevas estructuras con las que concebir una nueva proyección global carente de contrasentidos, que tenga como fin la reinserción del sujeto en la naturaleza de donde procedía. Quizás nadie de las últimas generaciones obtuvo la oportunidad de transcribir, de escuchar o de observar aquél relato, de notar el flujo y el influjo que se esconde tras las fortalezas que guardan la belleza, aquél silencio que se filtró bajo la tierra, que regó silenciosamente los árboles que se alinean al borde del camino que todas las mañanas recorre. Y puede que, ni siquiera, se pregunte porqué sus hojas, en señal de un generoso agradecimiento del que nunca se sabrá su origen, sombrean el pavimento esparciendo por ende su frescura.
Hay quienes que, como una plaga, infectados de soberbia son incapaces de comprender y traducir los mensajes que la belleza transmite, y, sólo ven en ella un producto fácil de explotar y reproducir agregándole sofisticadas pócimas para su sólo beneficio.

Aquellos silencios envuelven la inmensa grandeza donde se construye la morada de un origen que transporta una finalidad, devanan la biología que se manifiesta al servicio de la materia que sirve de conexión con todo aquello que forma parte de la vida. Desde esos lugares fluye la esencia del pensamiento que, como las espigas del cereal, se ondula al viento sin desarraigarse, como la resiliencia del bambú y, crece, brota y descubre lo que siempre pareció inerte y que ya no lo es, el silencio que compone el sustrato donde enraizarse, donde nace el murmullo de las aves, el canto de las aguas, las partituras que la hojarasca deja extendidas sobre la tierra y los silbidos del viento, lo que hace que el silencio exista. En esa dirección es posible disociar lo que el materialismo neoliberal creó artificiosamente como atractivo para las percepciones y cohesionar lo que captan nuestros sentidos fuera de aquellas. Son dos direcciones opuestas, como el bien y el mal, pero con la diferencia de que para que exista una no es necesaria la otra, entre esos caminos nos vamos disolviendo, quizás por ello Walt Whitman nos dejó impreso que; «Si usted quiere saber donde está su corazón, mire donde va su mente cuando pasea». En el silencio de los pasos está todo, la respiración que se agita pidiendo descanso y reposo sobre alguna muda roca asomada en el filo de algún abismo, desde donde, sondear las luces silenciosas que rozan las copas de las arboledas y las aristas rocosas y, dejarse entrar en el vórtice de las esencias que Anaximandro descifró y describió en su libro, y, allá diluirse entre lo indefinido y lo infinito del ápeiron que desde su seno engendró el cosmos.

Dejamos de seguir nuestros propios pasos deslumbrados por aquello que no fuimos capaces de cosechar, puede que fuese un olvido seducidos por una materia silenciosa, inerte y desnutrida, imposible de que pueda evocar algo distinto de lo que nos mueve hacia un destino marcado por la indiferencia hacia lo más esencial. La materia integradora que se construyó como fundamental, contiene el suficiente tósigo capaz de transformar la razón en un sangrante y convincente discurso persuasivo, inyectado para la desintegración de los pueblos y obstaculizar su emancipación. Vivimos bajo un envoltorio que cada vez es más impermeable, fabricado con recortes de antiguos discursos que, mezclados entre si, adquieren un nuevo sentido suficientemente convincente como para no descubrir el atadijo, lo cual, niega la existencia bajo un orden de cosas ajeno a todo aquello que verdaderamente debería darle sentido a la realidad como seres procedentes de una ciencia exacta. Por ende, toda aquella cubierta pertenece a la inexactitud fabricada por una humanidad carente de muchos sentidos y emociones que viene provocado por el distanciamiento con la naturaleza, y, ahí comienza el nacimiento de una nueva civilización, la génesis de algo incierto, la página más que C. Darwin olvidó anotar en su diario de la evolución porque en ella no incluyó, en el seno de la selección natural, la artificial, la de los códigos binarios capaces de dar instrucciones genéticas. Asi entonces, la conducta del sujeto, impulsada por la revolución tecnológica, está sujeta a los avatares que este hecho consigue transformar y lucir en el escenario con nuevos «totems» que aluden al poder origen de todo ello. Una nueva ideología avanza debatiéndose entre el estado natural de las cosas y el futuro incierto artificial, o, quizás una extraña simbiosis entre ambas en la que la naturaleza sea sólo un santuario reservado para una élite silenciosamente emergente, desconectada de la realidad en el interior de una burbuja.

Como pueblo global somos los creadores de nuestros propios designios, la rebelión individual comienza cuando el pensamiento y el acto se sienten y mantienen colapsados, entonces no habrá juez que condene a quién incendió al poder, a quién derribó las murallas que sostienen la desigualdad.

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Tiempo de zarpar

Nos movemos en el arco de un círculo en cuyo centro gira la búsqueda del destino como fruto a recolectar, en esa órbita queda en olvido lo esencial; un segmento más de esa esfera que comienza con un brote y termina en una explosiva sucesión de estados, así lo traduce la naturaleza. Nuestro estado es el olvido permanente o, digamos, la renuncia a saber de lo que nos precedió, de lo que nos inyectó la savia para ser lo que somos y, así, continuar no sabiendo más de lo que ya sabemos, no porque quisiéramos quedar detenidos en ese otro circulo, sino porque alrededor de todo ello encontramos la capacidad para crear, para vivir diariamente con lo que hay, una realidad distinta para sumergirse en ella y, así, eludir o buscar de alguna manera la forma de evitar una confrontación con el poder que, en otro caso, llevaría a quedarse desposeídos y atrapados entre sus poderosas zarpas y apartados de la naturaleza, como buena parte de las tribus de esta tierra que así se encuentran ya, así es la dependencia, el dominio y la guerra. El poder no puede sobrevivir si el resto de la humanidad ya perdió su capacidad y su  fortaleza suficiente para seguir tras sus consignas o, si por el contrario, se desvanece ante la indiferencia, lo que puede interpretarse como dos supuestos antagónicos.
Desde esta otra parte del mundo aún resulta relativamente fácil discernir sobre ello, pero aquella otra sólo tiene capacidad para buscar lo diaria y estrictamente esencial. Ante esta conjunción sólo queda la rebelión con todo, con los estamentos, los poderes y, hasta con uno mismo, detenerse, mirar a los horizontes más lejanos que nos preceden y anteceden y empezar.
Para comenzar un nuevo ideario, la oposición a las leyes del progreso hoy inmersas en una nueva crisis de conciencia, deberia de ir precedida de una razón actualizada que no entienda de la tendencia al perfeccionamiento del sujeto en la sociedad donde éste interviene y se desarrolla bajo conceptos que no tengan en cuenta toda la biología que da forma a su estructura humana. Nuestra civilización creyó tener el mundo en sus manos y no por experiencia propia, sino, por los cuentos de hadas y las doctrinas introducidas en la piel como sustento, como otra distinta y poderosa razón capaz de atraer sólo con fines de utilidad y beneficio para aquellos que verdaderamente creen ser seres mesiánicos y que se niegan a poner en entredicho el carácter supuestamente racional de las injustas leyes que regulan las sociedades, y que, para nada tienen en cuenta las que regulan la naturaleza, quizás sea porque olvidaron redactarlas. Tales doctrinas enfatizan lo más atractivo de lo ficticio y lo abstracto con razones oscuras e incluso sobrenaturales para ocultar la realidad que concierne a todos y provocar así esa otra distinta que es la individual que se vive en el siglo XXI, que, por otro lado, está sujeta a aquellos fines y por lo tanto es una realidad simbiótica colectiva, luego está la otra que es uno mismo. Así, para tales fines, resulta determinante provocar diferentes percepciones a las ya conocidas capaces de por si mismas reducir el conocimiento de cada persona y de su mundo circundante, así es la manipulación, una poderosa arma de distracción, que, para eludirla, basta con pensar que la libertad llega cuando no es necesario nada de lo irracional, pues, la libertad, está sujeta al estado de necesidad.

Realmente la necesidad humana es bien parecida a la del resto de seres. La mayor parte de los actos que realizamos tienen su origen desde esa necesidad pero, de forma más compleja, ya que partimos del pensamiento razonado que nos diferencia. Y así, con diversas disciplinas, casi todas relacionadas con las artes, desarrollamos nuestro ser y abonamos la diversidad. En ello hay algo molesto para los intereses de la otra civilización que paralelamente se desarrolla en vías de extinción, porque, la pluralidad, es algo difícil de gobernar y por ello despliega su poder para no ver disminuir su provecho ni su influencia, combatiendo, por un lado, la incredulidad de sus fieles con ideologías y creencias extemporáneas y, por otro lado, cohibir los intentos de emancipación de las sociedades con una semiótica muy avanzada.

El nuevo imaginario bebe de las aguas que empapan la única ideología que le acompaña en su camino hacia la plenitud de los océanos. Absolutamente terrenal y con la aquiescencia de la tierra navegamos con ella porque somos sus huéspedes sin derecho a transformar su voluntad. En sus espacios se escucha el croar de las ranas desde las charcas distantes y se ven las luces que se filtran al unísono entre las espigas, forman parte de lo inmaterial porque queda en la memoria como otro vestigio más del paso por la eternidad que nos envuelve. Las eternidades son los tiempos donde sobrevive la estela, como un resto fértil, que deja el tránsito y la transformación de lo corpóreo en signos latentes que indican los caminos que llevan a lo efimeramente finito y, en ella está todo.

La brisa que siempre existió y que se transforma en ventisca sobre las cumbres, en vientos que van horadando los gigantescos ventisqueros donde entra la luz y se hace líquido dorado cuando llega el ocaso, plateado como un firmamento terrestre en la mañana y que origina el color en forma de pétalos de origen incierto que permanecieron bajo las aguas del vasto océano de Tetis. En el nuevo imaginario sólo asisten las certezas y los frutos de la constancia, aquella eternidad que fue pasado y la venidera que reclama justicia social como la araucaria de Neruda, donde tendrán cabida las nieves que fundieron sobre los prados de la tundra y los torrentes bajo las cavidades congeladas en las que renace la sabiduría a la sombra del destino que marcaron los hombres, entre lo inhóspito que sobrevivió a los gélidos tiempos que guardaron atávicas semillas y las tormentas que simularon encarnizadas batallas envueltas de halos misteriosos flotando sobre nuestra débil corteza. Y en esa nueva cosmovisión desistimos de oír las campanas, las voces de los minaretes y los discursos de los púlpitos, y dejamos sonar los vientos al roce con los aerófonos tubos pétreos que forman las inmensas paredes rocosas de las montañas que son signos de nuestra inexactitud. Entonces emprendimos el vuelo sobre las nubes pétreas que vinieron de otro continente, las que se posaron sobre lo que emergió con toda su belleza del océano de Tetis y, quedaron congeladas como las pisadas y, los pies se volvieron nutriente barro naranja, polvo húmedo que vino desde el antecesor del Marenostrum que nos hizo tierra eterna donde guardar el secreto de nuestro vagar entre las inmensurables constelaciones, las que habitan en la mente y las que transportan el acto humano.

Descubrimos en los senderos que cirscunda la tundra y ascienden hacia las lineas divisorias de aguas donde aún perviven gigantes gendarmes pétreos, semejantes a los descritos en el cuaderno de bitácora de Don Alonso Quijano, incrustados en la tierra y que son vestigios de las gélidas fuerzas telúricas capaces de cuestionar la capacidad y la vanidad humana así como su presuntuosa forma de habitar. A su alrededor existen señales suficientes que indican que el conocimiento y la sabiduría no siempre van acompañados, lo que puede constatarse observando los efectos que producen los restos que dejamos a nuestro paso y, porque continuamos con los ilimitados propósitos de crecimiento basados en teorías difundidas por una civilización en la que la empatía fue conducida hacia lo material, mientras que, la dirigida hacia nosotros mismos, quedó cubierta bajo una veladura que esconde las imperfecciones y, la afinidad, compasión y comprensión con la naturaleza.

Ahora es el tiempo de dejarse embaucar por la luz que se desliza sobre la cola de las nubes de J. Constable, de beber en los reflejos húmedos a bordo de la barca de Monet o en el azul y amarillo de Franz Marc, no por sus telas que quedaron colgadas en las paredes, si no, por los lugares donde existe y desde donde se concibió esa belleza tan terrenal. Por la luz que salió a nuestro encuentro desde extraordinarias distancias para hacer germinar lo impensable, un designio escrito antes de que existiese el tiempo, portador de una única voluntad forjada entre los elementos químicos y minerales de origen lejano y que a nuestros pies es servida desde el orbe que los contuvo, un viaje sin puerto porque pertenece a la eternidad que aún nadie pudo contener en ningún lugar porque es el poder, la que rige el tiempo, es Eón.

Es el tiempo de zarpar sobre ondas oscilantes que transmitan y transporten la luz que lleva consigo el curso favorable de las cosas, el calor que construye las masas arbóreas y vegetales y las otras formas de energía que transportan el vagar del pensamiento. Tiempo de abonar los yermos parajes que quedaron dolidos cuando los habitamos y ya no nos sirvieron más y la exigua mentalidad que levanta fronteras y que viaja sobre una alfombra mágica a la que cosieron en cada una de sus esquinas la alas de Hermes y en uno de sus bordes la cola de Uróboro. Abono somos, poseedores de esa finalidad a la que no hay costumbre de llegar porque nuestros cielos se llenaron de aquellas alfombras cargadas y repletas de otras usanzas embadurnadas con doradas incrustaciones que dibujan destellantes símbolos semejantes a otros de la antigüedad, y que, fueron igualmente adorados porque siempre existió la creencia en la verdad que otros empuñan y la duda que paralelamente la acompaña, suficiente para inclinarse hacia convicciones atractivas por la pompa que exudan y que ciega a las multitudes, o, quizás, por la conveniencia de recibir algo a cambio en forma de artificiosas necesidades con la añadidura de promesas subjetivas con el único fin de lograr sus objetivos o deseos, o, en otro caso, de limosnas que cumplen la función de lavar la conciencia. Desde entonces se hizo necesaria la búsqueda de libertad sólo por tener una necesidad. Y no fué el azar quién lanzó tal propósito, si no, la obsesión por contradecir los actos de la naturaleza sin ni siquiera traducir sus lenguajes. Resulta sorprendentemente malvado cómo los que se asientan ante tan extensos espejismos puedan convertirlos en realidad ante los ojos ingenuos de los pueblos e influir en su destino introduciéndose en las culturas, transformándolo todo, inclusive la vida natural con insensatos fines para apoderarse de lo común y lucrarse de ello obscenamente.

Y así, a pesar de manejar la mayor tecnología con la que nunca se hubiera soñado, seguimos sumidos en una ignorancia de las mismas proporciones, ausentes de los dramáticos cambios sociales y climáticos que comienzan a despuntar sin que ello tenga influencia alguna en nuestra vida diaria, sin pensar que pueda tenerla sobre nuestro destino como individuos y como civilización, pero, en parte, ello no es reprochable a la sociedad en general, si no, a quienes ocultan una realidad que afecta al todo el mundo por intereses, principalmente, económicos que derivan en políticos, lo que da lugar, como maniobra disuasiva, a poner en práctica el «panem et circenses» donde en su escenario se extienden los hilos que mueven a títeres que llevan a cabo y construyen verosímiles debates sociales en los que se entrecruzan, entre banalidades que generan réditos, teorías, creencias, pensamientos e ideologías que nada tienen que ver con aquella dramática realidad escondida, y que, sólo sirven como distracción, disuasión y manipulación de los pueblos para impedir que salga a la luz todo aquello que pueda perjudicar a aquellos sutiles intereses, y ello, en connivencia con los portavoces de la información que contribuyen así al pago de su óbolo con el que se les permite existir. A tenor de ello, se podría decir que, al parecer, toda esa realidad sólo se crea por quién la observa y si no es percibida por una mayoría no existe, como si entrásemos en un bucle cuántico. Con la naturaleza ocurre un tanto igual, en las grandes urbes donde se amontonan miles de seres, la naturaleza ha quedado reducida a espacios muy concretos, por lo que, las percepciones que emanan de ella casi son nulas, inobservables e inexistentes, lo cual incide negativamente en la naturaleza humana donde residen los sentidos, tal ausencia es el caldo de cultivo con el que crear un universo paralelo donde se construyan nuevos paradigmas para una emergente civilización carente de sentido en la que la vida no pueda evolucionar sobre la base de la naturaleza, de la vida ineludible que da origen a la existencia del universo, de lo infinito dentro del infinito.

You Never Wanted To Land by Ramón Sánchez