En la tierra.

Más allá de los límites de la naturaleza están nuestros actos, son parte de ella también, pero, no en el mismo término, en ellos reside el fin más humano que consiste en custodiarla. Pero, en su defecto, cavamos sobre la inercia que instiga a abandonar la órbita que gira alrededor de tal propósito, que devora durante ese gravitar cualquier arqueología que pueda servir para restaurar todo aquello que quedó bajo la lápida que sepulta buena parte de nuestras vidas en las que, ahora, deambulamos sujetos a una ficticia verdad, como si todo lo que viésemos desde la ignorancia fuese cierto.

Somos una sociedad tan sabia en aspectos como la comunicación, la tecnología, la ciencia y el saber que encierra todo eso y, tan pobre en lo que concierne a lo que físicamente nos ocasiona nuestro más cercano entorno que tan abandonado tenemos, de todo aquello que define lo humano lejos de la materialidad con la que siempre hemos intentado seguir siendo, al margen de cualquier creencia social que nos congregue bajo signos y banderas. Y así nos situamos distantes de esa humanidad propia que nos apunta constantemente desde nuestro más cercano entorno; las pasiones que producen las emociones y la empatía que en silencio generan otros seres, el tacto y los olores, incluso, aquello tan sutil como es el sentido de la orientación ahora canjeado por la voraz tecnología. Todo esto último también es humano, pero, pertenece a otro orden de cosas, en la mayoría de las ocasiones irracional, en otras constituye una importante ayuda para el enriquecimiento de nuestros dones.

No obstante, abducidos por esa impetuosa fuerza, seguimos rotando indiferentes a la espera de que el ábrego haga germinar todo aquello que bajo aquella lápida quedó atrapado, mientras, en esa espera, sucumbimos a un adiestramiento con pleno convencimiento de ello y favorecemos la creación colectiva de todo lo irracional que abunda en nuestros actos, con la particularidad y a pesar de que, cada ser, cada individuo, navega en el piélago más recóndito.

[The Cousin Silas Emporium Members Proyect – Earth -Volume 1 by various
https://cousinsilas1.bandcamp.com/album/the-four-elements-earth-volume-1 ]

En esas soledades transformamos y
trasladamos como base de la civilización lo superfluo, lo innecesario, las impurezas más ásperas, todo aquello a lo que se le da un sentido que no es propio, distinto o erróneo a las cosas, erróneo porque viene dado por esas fuerzas invisibles que manejan quienes poseen el poder de hacerlo, realimentandose con ello procesos mediáticos que, sólo generan mundos ilusorios enfatizando y disfrazando una anomalía a la que, nos circunsbribimos con el fin de combatir la ausencia de la belleza que contiene la verdadera justicia que engloba a todos los seres en una sociedad coherente, la que contiene el amor y la amistad exentos de interés, algo imposible en la condición humana, la que existe en el sólo hecho de contemplarla, de escucharla, de impregnarse de sus olores, de sus colores, de los aterciopelados sabores, e, igualmente, de la belleza que somos capaces de crear con nuestros actos, con la forma de hacer mundo. No hacemos otra cosa que eso, mundo, hacemos mundo bajo una inercia ciega, devastadora, y, a pesar de ello, pensamos que ese mundo no lo queremos, no es nuestro, pero, lo habitamos inexorablemente cabalgando sobre sus lomos para domarlo como si fuese un caballo salvaje, sin caer en la cuenta, sin pensarlo, que las riendas que lo sostienen no son nuestras y que el destino que quedó escrito desde tiempos remotos, está oculto bajo los pies en un aquí que no se entiende.
Pero, para entenderlo, es necesario renacer desde un origen remoto, perdido, es el hecho que llena el espacio con las fragancias y los colores de la tierra, un acto en el que no cabe la servidumbre, pues ésta sólo está sujeta a lo que creamos para que exista, es simbiosis también, nuestra esclavitud también lo es como una dependencia más inmersa en nuestra condición de poder sobre los demás para obtener la subsistencia, para diluir el pensar en grande, para darle alimento a la precariedad social y de pensamiento. En esos parajes la lucidez es un elemento aislado, protegido por altas torres diseñadas sin rendijas por donde pueda escapar, en su lugar dominan los arquitectos que derrumban la diversidad para que no exista la complejidad.
En esos parajes, quizás alguien alguna vez, en un sueño lúcido, imaginó que a ciertas horas, a finales del invierno, las últimas luces de la tarde, sobre las seis, rozan las aguas del Darro y las convierten en un conglomerado de cristales ingrávidos que vuelan y navegan sobre el fondo brillante de ocres que aún recuerdan algún otoño pasado o por venir, o, el oro que contuvo alguna vez su cauce, más, los reflejos que se posan en las anaranjadas torres que lo custodian a su paso y que hacen que ese dorado aún siga vivo e ilumine con sus reflejos las blancas fachadas de Valparaiso.

También eso es una forma diferente de mirar las estrellas que dan forma a ese empíreo tan desconocido que nos rodea desde siempre, en todo ese cosmos aparece visible para algunos e imperceptible a los ojos de quienes nunca miran más allá; los secretos de nuestra existencia, lo favores cedidos por la tierra y los que quedan por conceder, en ese firmamento siguen brillando las monedas que alguna vez tiramos a la fuente como créditos a favor de Caronte y las caligrafías que ya nadie entiende con las que otros seres describieron y definieron exactamente con sus palabras todas esas órbitas, todos aquellos destellos desparramados por la tierra, incluidos pensamientos fugaces que se disolvieron en antiguas aguas.

On earth by Ramón Sánchez.

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