
La miseria, para una parte de la humanidad, desde no se sabe cuando, en una tierra repleta de frutos y bienes, se ha convertido en una sórdida voz, quizás en una indecente y miserabe palabra o, en una esquina de la calle que evitar o, simplemente en un mal olor. Algo totalmente relacionado con la forma de vivir y actuar humana anclada para el dominio de la subsistencia por un lado y, en el olvido por otro. Una constante renuncia a ella implica arrojarse a sus fauces, por ende, existe la miserable actitud de dejarse vencer por el pensamiento homogéneo enmarcado en las sociedades en las que su fin principal es sostenerse sobre la irrealidad que contiene el crecimiento infinito y los sueños que éste crea, en el abandono de la autosuficiencia que es la causa de la esclavitud, de la marginalidad y la miseria. Resulta rotundamente miserable confinar la vida de los seres en un reducto en el que el único fin de su existir es su éxito tras recorrer un tortuoso camino como si la vida sólo fuese una mercancía, y ello, bajo la creencia de que la razón es un descubrimiento antropológico desechable por inservible, bajo la creencia de que sólo es un arma inservible que podria destruir el bienestar que dejaron los herederos de la vieja burguesía que oscenamente ostentan todavía y del que tan sólo dejan las migajas sin que nadie caiga en cuenta de ello, o, quizás, no sea de interés saber que es una verdad capaz de adentrarse en las zonas de confort de una civilización en decadencia.
[ Untravel – Rival Consoles. https://youtu.be/cxxIN6fyj58 ]
[ Union Light – Solar Fields https://youtu.be/mJgF06bPHgI ]
Y mientras todo eso ocurre, vamos rodeados de la luz de octubre en un mes de septiembre que llegó tardío, como si las estaciones hubiesen cambiado de órbita, con la Linyera a cuestas cargada de presagios, de otoños que ya pasaron hermosos, de creencias increibles porque la razón así lo dicta, esperando la sopa caliente mientras transcurren las horas que quedaron en el camino para verlas pasar. En este lugar, en los vórtices de esos caminos aún se aspiran los vernáculos aromas que forman parte de la solidez con que conquistamos las esencias que nos hicieron poseedores de la razón para ser. Huimos de los territorios donde se gesta la intolerancia con uno mismo y desde los que se difunden las leyes contrarias a lo que de la tierra nos pertenece. Entre los bienes más preciados está el olor a la tarde que, no posee lo que las esclavas hordas, hechas gentes miserables, sembraron en favor de la miseria, como estandarte que simboliza su esclavitud, su congregación ante lo que jamás debieron poseer y que gira y gira como un Derviche alrededor del mismo delirio sin llegar nunca a su destino. Esa esclavitud posee la suficiente capacidad para someter a la libertad. Es la sombra que enmudece el color de la hierba y que enturbia la primera luz del dia.
[ Gaunt – Kiasmos https://youtu.be/8qnQCt7WEEE ]
A esa hora, nuestras lisonjas, como un oloroso vapor, van ascendiendo formando colosales bucles que como ciclópeas columnas helecoidales, giran y navegan impregnadas del éter que quedó sumergido en la eternidad, con aromas de lluvia recién caida, sin presagio alguno y con la certeza de que los astros dibujan la noche y el día bajo sus elípticas órbitas, ahí conocimos el viento sur que aligera la carga que lleva el invierno en su seno cuando arrecia sin benevolencia, y, los vastos pedregales que quedaron tendidos sobre la tierra tras desatarse las colosales fuerzas desde su interior, nos acogieron entre su nada pétrea donde los siglos permitieron que anidase la hierba, donde, a su vez, agarradas a sus entrañas crecen otras estirpes semejantes a aquellas que tuvieron su génesis en el universo que desconocemos o en los hielos de Kuiper. Vagamos por allí, quizás fuimos indigentes del destino, con pan duro de tres días atrás dentro del morral de lona desgastada, compartiendo espacio con el abrigo y el queso, con el agua y el vino.
[ Svaneborg Kardyb – Op https://youtu.be/puEclhRxRik ]
Aquella indigencia era envuelta de los aromas que desprendían las cráteras rebosantes de las esencias más antiguas, nacidas del roce del rocío con la roca y las ramas de los bosques que, sin pausa, éstas, van escribiendo compases en el aire al unísono de las aves que ascienden livianas bajo la bóveda celeste, mientras, en su vuelo aprenden nuevos lenguajes o, quizás, repiten aquellos que en el origen del mundo ya aprendieron para no olvidarlos. Aún siendo de día nos envolvieron las magnitudes estelares y descubrimos que la imagen que siempre percibimos de nosotros mismos como unidimensional, siempre habia sido tridimensional, pero, seguimos siendo obstinamos en vernos como una hoja de papel en blanco o una fotografía sobre papel de brillo que, en su naturaleza, encierra un signo más de escasez y necesidad. Nunca pensamos que las fortunas que afligen al mundo, desde el saqueo de Troya, continúan tejiendo redes en los estercoleros donde la humanidad levanta templos en honor a la fortuna. En ellos las oraciones suspendidas en el aire, vagan en ondas longitudinales imprecisas recorriendo los rincones del espacio en su búsqueda de algún lugar donde reflejarse y viajar junto a la luz para posarse perpetuamente. Pero, afortunadamente, los vientos traen consigo las esencias inalteradas, transformadas en céfiros que se unen a la última luz en el ocaso, y, ahí nos dejan sus aromas lejanos que el tiempo dejo dormir para sólo escucharlos.
[ Golden Times I – Ben Lukas Boysen
https://youtu.be/1KrewTmAhkk ]
No es sólo miseria no tener nada, lo es no contemplar, no detenerse ante las magnitudes que nos rodean y que forman parte de nuestra benigna esencia, lo que siempre, por fortuna, nos acompaña. Así, caímos en las aguas de Lete, el infodémico río de Hades del que se sabía que sus aguas provocan el olvido. En esa vertiginosa caída buscamos erróneamente los antídotos que disuelvan nuestros males entre los entresijos que causan la debilidad de los demás y, olvidamos la parte fundamental que nos hace seres, lo que siempre fue cotidiano antes de que nuestra desmesura superase los límites de la naturaleza, quizás no pensamos nunca en ello a pesar de ser seres pensantes sujetos al equilibrio que, es la cualidad para serlo, para desarrollar los diversos conceptos y razonamientos que respondan a las percepciones de nuestro entorno diario, en el cual, la carencia de las irradiaciones que desprende todo aquello que hace posible la vida, dificulta su existencia, abocando el destino de las sociedades que, reproducen incansablemente, una y otra vez, a través de sus generaciones, su forma de ser, a un estado de conformidad y sumisión, de complacencia con lo que hemos creado, en suma, a una pérdida de libertad debido a las ataduras que contiene todo ello, convirtiéndonos así en ociosos viajeros que circulan por el mundo como meros bienes de consumo, una irrealidad hecha realidad.
[ Losar – Josep Beving – https://youtu.be/ZzUr-8GtNnc ]
Nunca existió la libertad, es sólo un arma social, ideológica y filosófica para enfrentarse a los condicionantes que, en el transcurso de nuestra vida, surgen para la supervivencia. Y paradójicamente, es ilimitada y, sujeta a la dependencia y la necesidad, así, somos como un pájaro enjaulado, acostumbrado a la herrumbre de los barrotes que le rodean y que cree ser libre porque nunca vio otro horizonte, la expresión de la ternura, la dulzura y la bondad que, son sustantivos cuyo verdadero significado es excluido del decrépito mundo en el que sólo existe la idolatría hacia el consumo que se desarrolla en las civilizaciones mantenidas bajo las leyes que éste les dicta. Mirando hacia otro lado, o, sin prestarle demasiada atención a todo lo confusamente extraordinario que sucede a nuestro alrededor y, lejano de los fines que la humanidad pensante diseñó para comprender nuestra posición en todo lo universal, vagamos con plena ausencia de lo realmente esencial, despojados de ello marchamos como un devastador ejército precedido de miles de banderas resumen de los símbolos que enarbolan el único pensamiento, sin pisar las hojas del otoño porque ya quedaron plasmadas en millones de pantallas móviles y a la espera de que nos anuncien la próxima estación para asaltar los escaparates.
[ Kizuma – Alva Noto & Ryuichi Sakamoto
https://youtu.be/mLbRA-Oz_50 ]
Con las ventanas cerradas nos inhibimos de la atávica lluvia, del sonido cristalino estrellado contra las hojas secas que siempre nos acompañó desde el inicio de los tiempos. En esa caverna condenamos a los poetas que escriben versos a aquello que ya nadie ama, y que, ni siquiera contempla porque, se impusieron en su lugar otros cánones diseñados para desviar la atención a otros fines más lucrativos y, por ello, los nombramos y llamamos malditos. Mientras perdemos el tiempo calificando lo que no entendemos, dejamos de girar en el cosmos que nos fué legado por el tiempo, por su perseverancia, y quedamos sujetos a una órbita en la que construimos una ficticia abundancia, que, como un virus se apodera de todo aquello que pretende vivir de otra forma.
[ I Won’t Be Running – Nils Hoffmann https://youtu.be/NxGhKORxl94 ]
Como seres inamovibles, de pensamiento pétreo, incrustados en la corteza de la tierra, nos hacemos piel de una eternidad dormida, estática, carente de tiempo, cargada de silenciosas brumas que sólo giran alrededor de su propio origen y, deambulamos por las cuencas estériles de universos inventados derrumbando fortines y construyendo fortalezas donde guardarse de la propia verdad. Así es la absoluta miseria, inmersa en la espera de que Medea use sus hechizos y la frote con una rama de enebro para hacerla dormir. En el mismo orbe, el resto de seres que nos acompañan sienten y discurren dentro de su singularidad, lanzan su olfato al viento, sus colores y sus sonidos, sus fragancias y sus formas al espacio que impregna la vida en común, habría que fijarse en ello para comprender muchas cosas. Que tras las cortezas de los árboles se esconde la sabiduría que el tiempo generó, bajo el barro el manto oloroso que alimenta la descomposición, y, más allá, amanece en los barrancos que cirscundan las aves agarradas a las corrientes aéreas desde donde dibujan los mensajes que les dicta la tierra. Nunca lucharon contra el tiempo porque sus quebradas sólo esperan la lluvia, el pan de la tierra que transforma la belleza de lo estéril en alimento. Y desde allá nace la luz que tapiza los senderos de brillos y sombras, bajo un universo impredecible en el que están escritas todas nuestras páginas, iluminadas por farolas colgantes que dibujan en la noche cada signo zodiacal que inventamos y que contienen en su interior infinitas partituras donde están escritos todos los verbos. En sus estribaciones, anidó allá, cuando el tiempo no existía, el espíritu superior, vestido de viento y, sobre sus hombros, ancladas las nieves perpetuas que dentro de su regazo dieron asilo a las semillas que jamás nadie sepultó y, entonces te habló la tierra con un diálogo sensorial desconocido.