
Los silencios conducen hacia lugares donde las emociones y las pasiones despiertan al resto de los sentidos, siempre estuvieron y están ahí y ahora, por nuestras circunstancias, duermen en otro silencio. El silencio es el gran oximoron porque posee el trueno, las tormentas y las batallas. Siempre espera a la vuelta de los recodos en los senderos desde que alguna vez el tiempo lo dejó ahí, impasible, enorme y persistente. En él murmuran las aguas antiguos cánticos que conducen hacia los caminos que desembocan en la belleza, quizás nos lleve un tiempo más comprenderla para actuar como ella, me refiero a la belleza, claro, que también reside en el silencio. En él navegan las nubes estirándose hasta llegar a envolver los eternos misterios que quedaron encriptados en las cimas de la tierra, y allá, quizás todavía se puedan escuchar los relatos que guardan celosamente entre sus rocas, donde aún resuenan los suspiros que acompañaron el lento caminar de algún lejano ser rebotando incansablemente amarrados al viento que roza sobre sus aristas. Mi silencio es igual al tuyo, tan ancestral que pertenece a la eternidad y traspasa los límites de lo que tu y yo conocemos. Existe un retiro del cuerpo y del pensamiento en los silencios que pueblan la tierra, son lugares donde nuestro espíritu es un desconocido que elude lo conocido, pero, su solidez, la del silencio, es capaz de despojar todo aquello molesto que sujeto a nuestros actos diarios nos es imposible apartarlo.
-[Untravel – Rival Consoles https://youtu.be/cxxIN6fyj58 ]- [Says – Nils Frahm https://youtu.be/dIwwjy4slI8 ]-
Otros silencios invaden con crueldad las benditas soledades en las que podemos encontrar los remansos donde nos hacemos seres extraordinarios, son crueles porque nos hacen inclinarnos ante las brillantes pantallas de vidrio donde se reproducen las realidades de una» élite» y la de unos pocos que la idolatran, de los que seguramente, ninguno de ellos, nunca intentó navegar entre las entrañas del silencio. Pero lo más despiadado es que, al mismo tiempo, forman parte de algo convertido en esencial para una humanidad tecnológica que deja al margen la posibilidad del desarrollo individual de los seres que componen ésta civilización. Es el germen desde donde nace una brecha que pone distancias entre el avance de la ciencia y las cualidades del individuo además de la imposibilidad de poder ejercerlas. Entre esa imposibilidad hay varias razones que dan lugar a ella; la ignorancia que reside en la negativa a saber, la manipulación y la necesidad. Nadie nunca puso, por encima de lo imprescindible, lo vital de conocer y adentrarse en los silencios y, para ello se creó una industria de entretenimiento que incide sobre el pensamiento a la vez que se arrancaron las páginas de los libros que contienen el saber.
Aún nos queda el silencio que circula tejiendo su red entre las ramas que se extienden al borde de los caminos y agarrado a las hojas secas que se dejan caer, impasible a lo que acontece a su alrededor, absorto en su propio silencio, disconforme con los sucesos del mundo y asomado a las atalayas del pensamiento. Aún está a nuestro alcance el silencio que brota en las calurosas noches de agosto tapizadas de nítidos firmamentos en los que viajan las constelaciones que siempre alumbraron nuestro vagar por la tierra. Nuestros pasos rotos sobre el crujir de los guijarros o, los que se hunden tras la lluvia sobre la tierra mojada son los que avisan de su existencia y de la nuestra misma, es el instante donde el olvido se hace presente. Debía de ser implacable el silencio con aquellos que viven constantemente rodeados de y en la codicia y también con sus fieles sirvientes porque, el silencio contiene el conocimiento y el saber, y, el poder emascarado de sutileza capaz de extender la pobreza sin diálogo alguno.
Entre la distancia sideral que nos separa del cosmos viaja el silencio, oculto como un clandestino, pero, tan sólido que con su presencia nos empuja hacia los territorios donde cohexiste con nuestra existencia y nos hace ser. El silencio contiene un interior desconocido y, a veces, devastador, rodea los habitáculos del pensamiento donde es capaz de absorber todo lo perceptible y lo imperceptible y, en su lugar, transformarlo y abrir el camino en el que poder identificar nuestros verdaderos males. Es un seductor del pensamiento al que nadie que le falte tiempo le presta atención. El habitante de los espacios que se tiñen de blanco a finales del otoño, aquél que alivia la aflicción cuando ésta llega, porque, en él están los sueños. Los silencios ocultos tras el destino son los únicos que guardan las respuestas a nuestras preguntas y que sueñan nuestros sueños, son inviernos cargados de eternidad, de sonidos afilados sobre la hoja de la espada del tiempo. Continuará agazapado tras el torso de los árboles, horadando sus viejas cortezas, abriendo camino a las malezas repletas de escaramujos en los que, sobre sus espaldas, anide el rocío con sus minúsculos espejos al mismo tiempo que las fragancias hacen eco de su latir. El silencio precede a la tormenta, a la lluvia silenciosa que lo rompe cuando se convierte en torrente y se agarra a las hojas que caen. Contiene el aroma que desprende el humus de la tierra envejecido por los años y sujeto a la magnitud del tiempo. En silencio vamos desgranando lo erróneo anclado sobre la certeza de que nuestra presencia es ilimitada y que, por tanto, pertenece a una eternidad, porque, en silencio creímos ser los descendientes de lo universal. Sin embargo, nuestra inmortalidad es la estela que deja nuestro paso, sujeta al tiempo y a desvanecerse en silencio para llegar a donde no existe nada conocido, tan solo el silencio que es lo inmortal.
Horizon in a bottle by Ramón Sánchez