Cultura y eternidad.

La cultura y el saber son dos ciencias que comparten un mismo tronco, pero, una no implica a la otra. Entre ambas, a su vez,  discurre el conocimiento que bebe de las aguas de la primera. En nuestra civilización la cultura ha sido invadida por un saber que, con implícita soberbia, se desarrolla por si mismo partiendo desde la diversidad que contiene la cultura, pero no hay que olvidar que, el saber es sólo eso, un rastro, la estela que vamos dejando a nuestro paso, sólo son vestigios, la cultura siempre está presente, está en el verdadero interior de cada ser y lo que sea capaz éste de hacer con él, con la intuición en algún caso y la certeza en otros de que, su acto servirá para provecho de los demás y para ello se servirá del conocimiento a su alcance en ese momento sin tener en cuenta que el saber, en ese instante pueda ser inexacto.
Resulta totalmente erróneo pensar que quién posee la sabiduría también posee la cultura. Ello no es más que otro símbolo que utiliza una sociedad monopolizada por el éxito, basada en la proyección personal hacia un estrato superior en una falsa pirámide social, ese saber es el sustento que mantiene ésta civilización en decadencia y erguida sobre los frutos y bienes que nos son comunes y a los que nunca se le ha dotado de su verdadero significado. Con todos esos elementos se ha construido el significado de aquella primera palabra. Sin embargo, la cultura es la que posee en su seno su propia inherencia sin que ésta haya sido masacrada o expulsada por cualquier otro agente.
Pervive anclada en las ondas que emiten las órbitas de los astros, perfumada por los aires de los bosques, con la música de las aguas y los Ainur, el canto de las aves y las hojas que se rozan, navega a lomos del susurro del aire que se incrusta entre las rocas, con su luz al trasluz, sigue estando ahí rodeada de los perfumes de la tierra con los que adorna los tesoros milenarios, la tierra húmeda que se hace fértil, también está en los actos humanos que se oponen a las culturas que emergen desde los estercoleros del mundo sobre bases bien distintas y que imitan a aquella macabramente, añadiendo, para la existencia de éstas últimas,  argumentos que sólo pertenecen a aquellos que crearon para si mismos el «privilegio» que, no es más éste, que otra forma de sutil dominio basado en teorías inventadas para poder ocupar ese trono preeminente.

Y ahora, ensimismados por las luces que alumbran el interior de esta caverna mágica donde nos encontramos, tan distante de esa realidad en la que inexorablemente gira la tierra y donde nace la capacidad de conmover los sentidos con sus esencias,  ( https://youtu.be/lfYkLviyyF8 ), vemos que está construida a medida y por quienes prentenden que así sea, en su interior discernimos sobre este choque de culturas al que asistimos, donde, una de ellas, se basa en una ignorancia y en una locura moral sin precedentes que se adueña de su interior, aprovechando, para introducirse, el hueco que dejan las consecuencias de una sociedad acomodada sobre una fábrica de sueños imposibles. La otra cultura continúa con su desafío a la supervivencia, consciente de que lo eterno pierde el significado reflejado e impreso en los libros de las culturas masivas porque, en su lugar, el fin y el principio, forman ya parte de otro círculo distinto en el que gira otra distante eternidad a aquella y que pertenece a lo terrenal. En base a ello, podemos decir entonces que, existen tres eternidades en tres dimensiones; la del ser humano y sus cosas, la del cosmos y la otra a la que nadie tiene alcance.
La primera sigue los pasos que el «Éxodo» relata sobre una cultura que entonces ya nació y que se extiende hasta nuestros dias en los que cada cual persigue eternamente su Vellocino, prácticamente nadie de sus integrantes, desde entonces, siguió los ejemplos de su protagonista y, a pesar de ser consideradas sus páginas sagradas, no dejan de ser unas páginas más que adquieren la fórmula de premonición. Ni el poder, que durante siglos guardó celosamente esos textos anónimos, ni sus sirvientes, han tenido en consideración la certeza de que aquellos hechos hoy puedan existir.
La segunda, la del cosmos, está sujeta a los actos humanos que sean capaces de extinguir nuestra presencia en él. Y la tercera, a pesar de todo, seguirá estando ahí.

Crouching reality by Ramón Sánchez

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