Equilibrio e interés.

Nos encontramos ante una descomunal dependencia de una globalización mal diseñada y de complicada vuelta atrás, nuestros entornos, uno a uno, se van sacrificando para mantenerla, mientras se va produciendo ese desgaste, bebemos en las fuentes de un conocimiento erróneo basado en teorías irreales incrustadas en las sociedades por una élite que desarrolla una digerible semiologia proyectada a modo de receta capaz de curar los males que esas mismas minorías, en un circulo infinito, provocan. De ésta forma tan sigilosamente ingeniosa, tal sistema, es capaz de raptar la libertad y asignarle a ésta un distinto significado, habría que tener en cuenta, y no es un secreto, que, la libertad pertenece al mundo etéreo que alguna vez conocieron muy lejanas generaciones, frágil y moldeable y muy distinta de la semejanza que pueda existir con la libre elección. El interés, contenido también en esa libertad de elegir, sin incluir en éste el afectivo inherente de la persona, es otra fórmula por la cual adquiere sentido el resto de actos que nos acompañan, es un muro que se antepone a la liberación del pensamiento y que disminuye la facultad desinteresada de obrar, es causa de la desigualdad y desconfianza con el resto, además de ser, un componente más del colapso que comenzó a rodearnos y que ningún visionario tuvo en cuenta entonces. Así se construyen los universos paralelos y también los signos que apuntan en las encrucijadas hacia otros destinos. Y en ésta nuestra suerte, elegimos el perfil más tóxico de aquellos universos para los que, existen dos antagónicos antidotos; combatirlo o, contaminarlo aún más, ambos pertenecen a la libre elección, pero, la indiferencia que se apodera de los sentidos, en muchos casos, es un impedimento más para decidir y, la causa de una buena parte de nuestros males semejante al vacío de iniciativa.

Hubo sueños tejidos sobre la piel que cubre la esperanza, fueron arrebatados y suplantados por urdidas fábulas que aquél vasto interés extendió sobre una alfombra roja que, más tarde, puso bajo nuestros pies, y, luego también fueron disueltos y, en su lugar, crearon otros muy distintos semejantes a la indigencia mental y, con el mismo efecto con que Eros, el dios del amor, mojaba sus flechas en la miel antes de lanzarlas a los hombres o a los dioses.
Pero aún sobrevive en nuestra geometría interna todo aquello que se escapa de lo superfluo, la disposición precisa con la que eludir el desgaste de nuestros entornos y la manipulación del pensamiento en el cual reside la actitud de decidir y no la de un mero propósito. No debe existir disyuntiva alguna en ello, pues cada segundo que transcurre pertenece a una única realidad, aunque ésta se halle escondida tras otras. De lo contrario seguiremos formando parte de aquello que Erich Fromm definió: «el ser humano se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo, y siente su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente; si lo logra, habrá «triunfado» y su vida tendrá sentido; de lo contrario será un «fracasado».»

La naturaleza es la creadora de la realidad, capaz de escribir sus propios poemas, y lo hace desde la savia donde se aloja su sabiduría milenaria. Sin embargo, lo humano bebe de las mismas aguas y se distancia cada vez más de su origen buscando en lo finito lo infinito. Nuestras semejanzas con ella, a lo largo de los siglos y con la ayuda de nuestra cultura oral, ha ido perdiendo la similitud que nos hace ser, una transmisión oral dirigida desde una élite erigida con todos los poderes posibles y profusa en crear realidades opuestas a la consustancial que posee la tierra, es causa de ello. El pensamiento en muchas circunstancias es débil, transformable por todo aquello físico y virtual que dispara emociones somáticas surgidas por la acción de percepciones fabricadas con espurios fines. En éste espacio de tiempo tan apartado de todo aquello que contiene la naturaleza que genera la vida, las percepciones también se fabrican con la suficiente proporción capaz de eludir la racionalidad que puede haber en nuestros actos, y, nuestros sentidos, desconcertados por ello, las transforman en emociones que, a través de generaciones son transmitidas de diversas formas al igual que el pensamiento una vez manipulado y el entorno que, una vez llevado a cabo incide sobre esas emociones. Son acciones de los intereses de aquellos que sólo buscan la utilidad del desconocimiento y del saber útil con valor comercial.

Quizás lleguemos a aprender a hablar con nuestra propia voz y no con la de los demás, en la nuestra está la poesía y la música y el arte de vivir la única vida que tenemos. Quizás lleguemos a aprender a sólo contemplar y dejar a un lado la continua espera que sólo sirve de asedio a las esperanzas y a lo que un día soñamos. Para ello, me aferraré a la química de la que se compone todo nuestro ser, sujeta a la gravedad, a esa fuerza invisible capaz de contener en su interior al equilibrio y de diseñar un nuevo orden lejano a las conspiraciones que, emergen como únicas verdades, plasmadas en divinos panegíricos contrarios a la voluntad que encierra en sí el bienestar de la humanidad. Todo debe obedecer al equilibrio, somos un organismo viviente residente y parte del que nos sustenta, ambos, integrantes del cosmos que proporciona la concepción de lo que nos une a lo universal y donde encontrar un nuevo imaginario que contenga otro concepto planetario. Para poder basarse en ello, resulta imposible hacerlo teniendo en cuenta solamente las evidencias que, sólo son límites, pues la evidencia es algo que pertenece a un instante pasado. El crepúsculo es una evidencia, pero en su interior, en sus haces luminosos, se encierran lo acontecido ya y su recuerdo y, lo venidero sujeto a lo que la imaginación, la ficción o la intuición abre camino. También contiene el resumen de un día y, físicamente, por medio de la química celeste, el pronóstico del próximo día y el anuncio de unas determinadas condiciones atmosféricas. Para que el equilibro sea tal, debemos acogernos a la desobediencia y al decrecimiento y obstaculizar el florecimiento de la vida subordinada a la de otro.

The potion against the light by Ramón Sánchez.

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