ONDA SONORA

ONDA SONORA:

                La mañana ya es fresca y buscas el sol, que antiguo es eso, algo tan simple y tan poco apreciado con la prisa diaria, igual que sentarse a ver la tarde. La humanidad empieza a girar en torno a otros hábitos, tan distraída de lo esencial y tan inmersa en una cotidianidad de fino vidrio, de diminutas pantallas donde cabe todo.

                Hablé con el agua mientras se filtraba a los pies del limonero, hablé con el limonero y lo agradeció, es como tú cuando la tierra te da. Después volví al apartamento, entre minúsculos espacios abrí los horizontes para buscarte. Con tres compases; sol menor, do menor y re mayor inicié un camino imaginario, una secuencia infinita, una estructura acompañada de respiraciones etéreas transformadas desde los recodos de lo virtual a perceptibles ondas sonoras que se entrecruzan con las notas del arpa que creó Orfeo y que porta Apolo, y, se convirtieron en armonías siderales que comenzaron a navegar al unísono de los sonidos de Gaia, a expandirse por el cosmos hasta quién sabe dónde, entre tañidos ciclópeos de otras galaxias que navegan hacía horizontes desconocidos.

                Quizás también se crucen por los oídos del barquero de Hades o circulen sobre las siluetas de los confines de la vieja Tesalia, tan cerca del mar, tan cerca de las montañas, ondas tan viajeras que parten sin rumbo como nuestra vida, entre bosques estelares plantados sobre orbitales astros que giran describiendo órbitas semejantes a la eternidad que nos precede y a la que se abre camino ante nuestras incrédulas miradas. A lomos de esa onda de vibraciones convertidas en armonías terrenales que gravitan desde siempre entre el espacio neural, desterramos las adversidades para convertirlas en naves capaces de surcar la eterna realidad y adentrarse donde los ríos braman, donde la belleza no tiene límites, donde el frío es el abrigo de los verticales horizontes imposibles en los que, colgados de ellos, vivimos la vida.

                Y aquella onda quizás también se transforme en una ola gigantesca de crestas onduladas que se confunden con el límite donde converge el cielo y la tierra, en el preciso lugar donde saltan al aire cristalinas gotas que se asemejan a brillantes astros que, difuminados en la bóveda, suenan como fanales mecidos por el viento. Ante ello, entonces, ya no persigues nada, destejes el sudario de Penélope, se detienen las horas y ves como la luz del sol resbala sobre las hojas caídas, marrones, ocres, ámbar, granates, cobre, miel, amontonadas en la ladera coronada de enigmáticas nubes que navegan al son de aquella onda sonora teñidas de púrpuras moléculas que vibran en cadena a su paso, y, así llega hasta ti, como un abrazo que transmite un todo que tangencialmente discurre entre la visión de lo que existe y la ficticia, desembocando en las soledades que te hacen ser, en la raíz profunda donde el tiempo se pierde recorriendo sus propias entrañas, donde en un impreciso instante surgió aquella sonoridad que hoy llega vibrante, viajante.

Water bank – Ramón Sánchez [music video]

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